HISTORIALOS PUEBLOS

El asalto que cambió el curso de la historia nicaragüense

A 48 años de la gesta del Comando Rigoberto López Pérez, recordamos la audaz operación que, con 25 combatientes, puso de rodillas a la dictadura somocista y desencadenó la insurrección popular que culminaría con el triunfo de la Revolución.

En el mediodía del 22 de agosto de 1978, cuando el sol abrasaba la capital, el silencio administrativo del Palacio Nacional de Managua se vio quebrado por una explosión que retumbó en la historia de Nicaragua. Bajo un intenso fuego cruzado, un pequeño grupo de 25 guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), vestidos con el uniforme verde olivo de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) —la temida fuerza élite de la Guardia Nacional—, irrumpió en el edificio donde se gestaban las leyes del régimen. Lo que parecía un operativo militar rutinario era, en realidad, la ejecución de una de las acciones tácticas y propagandísticas más brillantes de la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

La operación, conocida oficialmente como «Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador» y popularmente apodada por el propio líder del comando, Edén Pastora, como la «Operación Chanchera» —en alusión al «corral de cerdos» que representaba para él el Congreso controlado por la élite somocista—, no solo fue un golpe militar, sino una humillación política sin precedentes para el tirano . Aquella tarde, el Palacio se convirtió en el escenario donde se escribió el principio del fin de una dinastía de más de cuatro décadas. La acción, que duró aproximadamente 45 horas, culminó con la liberación de decenas de presos políticos, la publicación de manifiestos revolucionarios en los medios controlados por el régimen y una conmoción internacional que puso a Nicaragua en el centro de la mira global.

La Estrategia: Tomar el Corazón Político de la Dictadura

La precisión quirúrgica de la operación fue su mayor fortaleza. Solo tres de los 25 combatientes conocían el plan completo, un secreto que garantizó la sorpresa y la seguridad de la misión . Los guerrilleros ingresaron por diferentes puertas, simulando ser parte de un contingente de seguridad, y desarmaron a los guardias con la famosa frase: «¡Apártense, que viene el jefe!» . Una vez dentro, tomaron el control de cerca de 3,000 personas que se encontraban en el recinto, incluyendo diputados, senadores y altos funcionarios del gobierno, en un momento en que el Congreso celebraba una sesión plenaria. Entre los rehenes se encontraban figuras clave del régimen, incluyendo a Luis Pallais Debayle, primo hermano de Somoza, lo que aumentó considerablemente la presión sobre el dictador .

El historiador Magdiel Guevara señala que esta acción no se dio en el vacío. Nicaragua vivía una profunda crisis política y social, agravada por las secuelas del devastador terremoto de 1972. El régimen de Somoza, que ya había dejado al aire al pueblo, se enfrentaba a un FSLN que se fortalecía en el anonimato. «La operación Chanchera marcó un punto de inflexión», explica Guevara. «Después de Chile con Salvador Allende, por primera vez en la historia, un movimiento guerrillero de esencia popular lograba un eco internacional tan resonante. Sin duda, fue el inicio del fin de la dictadura» .

El Precio de la Victoria: Negociación y Liberación

Tras tomar el control del Palacio, el comandante Edén Pastora, conocido mundialmente como el «Comandante Cero», se dirigió a los diputados y, desde el presidio del Congreso, lanzó la declaración que resonaría en toda Nicaragua: «Este es el Ejército del Pueblo, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, hijos de puta». En ese momento, los guerrilleros desplegaron sus icónicos pañuelos rojinegros, revelando su verdadera identidad y dejando claro que la lucha era contra la tiranía .

Las exigencias del comando eran claras: la liberación de los presos políticos que eran torturados en las cárceles del régimen. La mediación de la Iglesia Católica, a través del entonces arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, fue fundamental para destrabar las negociaciones y evitar un baño de sangre . Somoza, enfrentado a la disyuntiva de asaltar el Palacio con la Guardia Nacional (arriesgando la vida de sus propios familiares y aliados) o ceder, optó por la negociación, lo que muchos dentro de su propio bando interpretaron como un acto de debilidad y claudicación.

La Hazaña como Legado

El resultado de la Operación Chanchera fue una victoria táctica y estratégica monumental para el FSLN. Se logró la liberación de 69 presos políticos, entre los que se encontraban figuras legendarias del sandinismo como el Comandante Tomás Borge Martínez, la Comandante Doris Tijerino, y René Núñez Téllez . En la madrugada del 24 de agosto, los combatientes, los presos liberados y el arzobispo partieron hacia Panamá, dejando tras de sí un régimen humillado y un pueblo que, al ver en las calles a los prisioneros liberados, comprendió que el poder de Somoza no era invencible. La «Operación Chanchera» se convirtió en el catalizador de la insurrección popular que, apenas un año después, el 19 de julio de 1979, pondría fin a la dictadura y daría paso al Triunfo de la Revolución Popular Sandinista .

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