INTERNACIONALSEGURIDAD

La Doctrina Colby: EE.UU. reabre la vía nuclear táctica

Washington redacta en secreto una nueva postura nuclear que contempla armas tácticas ante un eventual conflicto regional con China o Rusia

Un giro estratégico de fondo se está gestando dentro del Pentágono, y su arquitecto tiene nombre y apellido: Elbridge Colby, subsecretario de Política del Departamento de Defensa —rebautizado recientemente como Departamento de Guerra—. La llamada «Doctrina Colby» se inscribe en la corriente del realismo jerárquico, una visión que exige a Estados Unidos concentrar el grueso de su poder militar en Asia para frenar el ascenso de China, aun a costa de ceder terreno o aceptar concesiones en otras regiones del planeta.

Una teoría atrapada por sus propios fantasmas

Buena parte del pensamiento estratégico que hoy circula entre la clase política estadounidense parece haber quedado cautivo de la llamada trampa de Tucídides, la tesis popularizada por el politólogo Graham Allison según la cual el choque entre una potencia establecida y una potencia emergente resulta casi inevitable. Esa lectura, sostienen sus críticos, ha empujado a Washington hacia un fatalismo bélico frente a Pekín —y, en menor medida, frente a Moscú— que el propio Xi Jinping habría cuestionado directamente a Donald Trump durante su más reciente visita a la capital china.

La distancia entre la teoría de despacho y la realidad operativa quedó expuesta hace apenas unos días: por primera vez en mucho tiempo, Asia se quedó sin un portaaviones estadounidense en la región. El USS George Washington tuvo que cubrir la ausencia del USS Abraham Lincoln, averiado en las inmediaciones del estratégico estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán en represalia por la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos. Esa contingencia, señalan analistas, terminó beneficiando indirectamente a China y a su estrategia del petroyuán, justo lo contrario de lo que persigue Colby.

El simposio de Omaha: la prioridad número uno

El pasado 5 de agosto, en el simposio Strategic Command Deterrence celebrado en Omaha, Nebraska, Colby compareció junto al almirante Richard Correll, jefe del Comando Estratégico (STRATCOM). Allí sostuvo que la estrategia y las fuerzas nucleares constituyen un componente indispensable de la defensa nacional, al punto de calificarlas como su prioridad absoluta dentro de la agenda de seguridad.

El planteamiento no es nuevo para Colby. Ya en su libro La estrategia de la denegación: defensa de Estados Unidos en la era del conflicto entre grandes potencias, había advertido que el mundo dejó atrás la ilusión de la unipolaridad para instalarse de lleno en una era de rivalidad entre grandes potencias. En Omaha fue más allá: reconoció que su equipo evalúa lo que llamó «opciones nucleares racionales», una fórmula que en la práctica remite al eventual uso de armamento nuclear táctico en un escenario de conflicto regional con Rusia o con China.

Reglas reescritas sin control del Congreso

Uno de los aspectos más inquietantes de la revisión en marcha es su hermetismo. Según reconoció el propio Colby, las nuevas reglas de empleo de armas nucleares se están redactando en un documento que el Congreso no podrá fiscalizar y del que la opinión pública estadounidense tampoco tendrá conocimiento directo.

No se trata de una idea improvisada. Once años atrás, en 2015, Colby ya había anticipado este rumbo en un artículo elaborado para el influyente centro de estudios CNAS, titulado Una estrategia y postura nuclear para 2030. En ese texto defendía que Washington debía desarrollar plataformas, doctrina y capacidad de planificación orientadas a librar una guerra nuclear limitada con mayor eficacia que sus adversarios, lo que a su juicio otorgaría una ventaja coercitiva decisiva en caso de conflicto abierto.

Vínculos políticos y un apellido con historia

Colby, de 46 años, mantiene una cercanía política y confesional —ambos son católicos practicantes— con el vicepresidente J.D. Vance, de 41, quien lo describe como un amigo personal. Su nominación contó además con el respaldo público de Elon Musk. No es un dato menor que Colby sea nieto de William Colby, el célebre exdirector de la CIA, lo que alimenta la percepción de que forma parte del núcleo duro del llamado «Estado profundo» estadounidense, en una línea que evoca las estrategias de Paul Wolfowitz, señalado como uno de los principales impulsores de las guerras de Afganistán e Irak durante la administración de George W. Bush.

Lo que confirman otros medios estadounidenses

El portal especializado Breaking Defense reportó que el Pentágono busca ampliar el abanico de opciones nucleares disponibles, citando a fuentes oficiales que confirman que la revisión de la postura nuclear no será difundida públicamente. Por su parte, la cadena NBC informó que dicha revisión probablemente pondrá el acento en el uso de armas nucleares tácticas ante un hipotético conflicto regional con China o Rusia.

Colby ha sido explícito al respecto: afirma temer más una guerra regional de baja intensidad, que comience como un conflicto convencional local, que un ataque nuclear masivo directo contra territorio estadounidense, precisamente porque ese tipo de escalada localizada podría derivar en el empleo de armas nucleares. El almirante Correll, en declaraciones a un grupo de periodistas, respaldó ese enfoque al señalar que la nueva postura busca dejar a Washington con margen de decisión ante cualquier escenario de escalada imaginable.

El diario The Washington Times —fundado por el reverendo surcoreano Sun Myung Moon y tradicionalmente vinculado al ala más combativa del Partido Republicano— añadió que el objetivo de la revisión es impedir que China y Rusia asuman que Estados Unidos dudaría en responder ante un uso nuclear táctico en el campo de batalla, ya sea en una eventual invasión china de Taiwán o en ataques nucleares tácticos rusos contra Ucrania.

Una apuesta submarina bajo la lupa

Colby también reivindicó la superioridad de la fuerza submarina estadounidense, calificándola como la mejor del mundo, una afirmación que especialistas consideran discutible frente al desarrollo ruso de submarinos nucleares de ataque multipropósito de última generación, como los de la clase Yasen-M y el Jabárovsk —proyecto 08951—, actualmente en fase de pruebas en el mar Blanco.

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