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Brasil decide hoy su futuro en las urnas

Con más de 150 millones de votantes convocados y un escenario polarizado, el izquierdista Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro cerraron sus campañas en São Paulo con demostraciones de fuerza callejera.

São Paulo — La mayor democracia de América Latina se juega este domingo su rumbo inmediato. Más de 150 millones de brasileños están convocados a las urnas para elegir presidente en unos comicios que, según todas las proyecciones, se resolverán en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. La jornada llega precedida por un cierre de campaña intenso en São Paulo, donde el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro midieron fuerzas ante miles de seguidores con recorridos, caravanas y discursos cargados de simbolismo.

Un cierre de campaña marcado por la calle y la tensión

El presidente Lula da Silva, de casi 81 años y en busca de un cuarto mandato, encabezó una movilización que tiñó de rojo la avenida Paulista y la calle Augusta. Con sombrero y rodeado por una marea de militantes del Partido de los Trabajadores (PT), el líder izquierdista culminó su recorrido subido al techo de un vehículo, desde donde arengó a una multitud que, según su equipo de campaña, alcanzó las 150 mil personas a lo largo de dos kilómetros.

La elección del escenario no fue casual: la administración del alcalde Ricardo Nunes, del centrista Movimiento Democrático Brasileño, había prohibido las estructuras fijas en la vía pública, lo que obligó al mandatario a pronunciar su último discurso desde un vehículo en movimiento. Pese a las restricciones, la columna humana desbordó las previsiones y superó en concurrencia al acto de cierre de la campaña de 2022, cuando Lula selló su regreso al poder tras vencer en balotaje al entonces presidente Jair Bolsonaro.

Lula: «Esta es una elección entre la democracia y la barbarie»

En su alocución final, el mandatario trazó un diagnóstico severo del momento político y apeló directamente a la fibra soberanista de su electorado. Sin mencionarlo explícitamente, respondió a las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó días atrás que sigue «muy de cerca» el proceso electoral brasileño.

«Esta contienda define el futuro de nuestra nación. Por un lado está la democracia y la soberanía; por el otro, la barbarie y la corrupción», proclamó Lula, quien prometió luchar «con todas mis fuerzas por el pueblo brasileño, que derrotará a la extrema derecha».

El líder del PT también reivindicó su gestión en materia de seguridad y combate al crimen organizado. «Estamos luchando contra los líderes de las bandas delincuenciales, contra el crimen organizado», subrayó, al tiempo que contrastó los logros de su administración con lo que calificó como el legado destructivo de la gestión anterior. «Lo destruyeron todo y nosotros lo reconstruimos», afirmó.

Con la confianza que le otorga el respaldo de las encuestas —aunque sin alcanzar el umbral necesario para evitar el balotaje—, Lula sentenció: «Mañana ganaremos las elecciones en el primer turno». La frase, más que una predicción, funcionó como una inyección de moral para una militancia que ve en la sombra de una posible segunda vuelta un escenario de incertidumbre.

Desde la dirigencia del PT, el optimismo era palpable. «A diferencia de otros países latinoamericanos, donde al final se produjo una ola de derecha, aquí en Brasil estamos viendo un movimiento a nuestro favor», declaró Edinho Silva, presidente de la formación, en declaraciones a la prensa acreditada.

Flávio Bolsonaro apuesta por el «cambio» y la herencia familiar

A kilómetros de distancia, en el interior de la capital paulista, el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, de 45 años, escenificó su propio despliegue de fuerza. Cientos de motocicletas conformaron una caravana ruidosa que recorrió las arterias de la ciudad más poblada de Brasil, en un formato que evocó las movilizaciones que catapultaron a su padre a la presidencia en 2018.

El senador, que busca sumarse al avance de gobiernos conservadores en América Latina, instó a sus seguidores a no confiarse y acudir masivamente a las urnas. «Estoy convencido de que todo está a nuestro favor para ganar estas elecciones en la primera vuelta», afirmó, replicando la estrategia discursiva de su contrincante.

«¡Vamos, Brasil quiere un cambio! No votes en cuotas dos veces. Hazlo de una sola vez este domingo», arengó, en una clara alusión a la posibilidad de una segunda vuelta que, según su lectura, sería innecesaria.

La imagen más elocuente de su cierre de campaña fue la pancarta que sostuvo con el rostro de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intentar anular el resultado de las elecciones de 2022 mediante un intento de golpe de Estado. Lejos de ser un lastre, Flávio convirtió esa herencia en su principal activo electoral, apelando a la fidelidad de un núcleo duro de votantes que sigue viendo en el clan Bolsonaro la encarnación de una cruzada contra el establishment político.

Un escenario de incertidumbre y balotaje casi inevitable

Las encuestas de intención de voto, coincidentes en su mayoría, dibujan un panorama de paridad extrema. Ninguno de los dos candidatos logra el 50 por ciento más uno de los votos válidos necesario para imponerse en primera vuelta, lo que anticipa un balotaje el 25 de octubre. La diferencia entre ambos, según los sondeos más recientes, oscila dentro del margen de error, lo que convierte cada voto en un activo estratégico de valor incalculable.

La elección brasileña trasciende sus fronteras. En un continente que ha virado hacia la derecha en los últimos años —con experiencias recientes en Argentina, Ecuador y Uruguay—, Brasil se erige como el principal contrapeso progresista de la región. La injerencia declarada de Trump, que ha manifestado públicamente su interés en el resultado, añade una capa de complejidad geopolítica a una contienda que ya de por sí está cargada de simbolismo.

La sombra de la abstención y el fantasma de la polarización

Con más de 150 millones de votantes habilitados, el verdadero árbitro de esta elección podría ser la abstención. En un país donde el voto es obligatorio, los niveles de participación han sido históricamente altos, pero el desgaste del sistema político y la polarización extrema podrían traducirse en un ausentismo significativo, especialmente entre los sectores moderados y los jóvenes.

La jornada de hoy definirá no solo quién gobernará Brasil los próximos cuatro años, sino también la correlación de fuerzas en un continente que observa con atención. Lula apela a la memoria de sus gobiernos exitosos y a la defensa de la soberanía nacional. Flávio Bolsonaro encarna la continuidad de un proyecto ultraconservador que, pese a la condena judicial de su líder original, sigue movilizando a una porción significativa del electorado.

Brasil, una vez más, está dividido. Y las urnas, esta vez, tendrán la última palabra.

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