Díaz-Canel: «Cuba no se rinde ni se doblega ante el bloqueo»
El mandatario cubano concede una entrevista exclusiva a RT donde desgrana las transformaciones económicas necesarias para la isla, denuncia el «castigo colectivo» de Washington y defiende el diálogo como vía para la paz regional.
La Habana — En una conversación con el medio internacional RT, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha trazado un diagnóstico sin concesiones sobre la realidad que atraviesa la isla caribeña, sometida a lo que califica como el «bloqueo más prolongado de la historia» y a una escalada de agresiones que, en sus palabras, constituyen «un castigo colectivo» contra la población civil. Pero lejos de un discurso derrotista, el mandatario ha lanzado un mensaje de firmeza y determinación: Cuba continuará su camino socialista, transformando su modelo económico sin renunciar a sus principios.
La urgencia de un cambio estructural
Díaz-Canel fue contundente al abordar las reformas que su Gobierno ha puesto sobre la mesa. «Eran transformaciones imprescindibles», afirmó, subrayando que su necesidad trasciende incluso el complejo contexto actual de asfixia económica. «Tienen como vocación perfeccionar la construcción del socialismo en nuestro país», explicó el jefe de Estado, reconociendo, no obstante, que algunos de estos cambios «han estado aplazados en el tiempo» debido a los riesgos y desafíos que conllevan.
El presidente cubano no eludió mencionar el escenario internacional adverso en el que se implementan estas medidas. «Hay todo un afán hegemonista por parte del Gobierno de los Estados Unidos», denunció, señalando que la administración norteamericana «está tratando de aplastar el multilateralismo» y emplea la fuerza como recurso primario para resolver conflictos, en clara violación del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Bloqueo energético: la nueva fase de la agresión
Más allá del cerco económico, comercial y financiero que Cuba ha resistido durante más de seis décadas, Díaz-Canel alertó sobre una nueva arista del conflicto: el bloqueo energético. Según el mandatario, esta política de «máxima asfixia» y «máxima presión» tiene un único objetivo: «quebrar la voluntad del Estado» cubano.
La crudeza de la situación quedó patente cuando el presidente reveló que en los últimos seis meses, «solo llegó un barco ruso» con combustible a la isla. «Hoy nuestros procesos económicos, productivos, de servicio, tienen mucho deterioro como parte de este castigo colectivo», lamentó, advirtiendo que la presión de Washington ha provocado la salida de «una parte importante de las empresas extranjeras» del país.
En un tono de convicción inquebrantable, Díaz-Canel expresó su certeza de que «los que han sido artífices de esta política contra Cuba tendrán que responder a nivel internacional por el crimen y el genocidio que han orquestado». «Y ante eso hay que actuar con sentido de urgencia, con sentido de responsabilidad y también con mucha sangre fría», instó.
La esencia de las transformaciones: productividad y justicia social
Ante la pregunta sobre la naturaleza de las modificaciones planeadas, el presidente cubano fue claro: «Desatar las fuerzas productivas». Este objetivo, explicó, busca crear riqueza y, lo que es más importante, distribuirla con justicia social, el pilar fundamental del proyecto revolucionario.
Díaz-Canel ofreció un dato concreto: a finales de julio, Cuba comenzará a implementar 121 de las 170 transformaciones previstas, priorizando a los sectores más vulnerables de la población, incluyendo jubilados y personas con menores ingresos. «Vamos a corregir lo que salga mal, a multiplicar lo que salga bien y a asimilar lo nuevo que se proponga», prometió el mandatario, abriendo la puerta a un proceso de ajuste continuo y aprendizaje en tiempo real.
Inversión extranjera: más allá del alcance de Washington
En un pasaje particularmente relevante de la entrevista, Díaz-Canel abordó la capacidad de Cuba para atraer inversiones pese a la presión estadounidense. Aunque reconoció la «persecución realmente agresiva» que sufren las empresas con intereses en la isla, el presidente recordó que «los mercados de inversiones no están solo en Estados Unidos».
«Hay muchas personas, muchas empresas, muchas entidades que tienen interés de trabajar con Cuba y que están dispuestas a no subordinarse a que les impongan desde una nación que se cree que es el imperio que puede gobernar al mundo», afirmó con rotundidad. Para el mandatario, Cuba tiene «todo el derecho» a comprar combustible, comerciar y recibir inversiones en el mercado global, como cualquier otra nación soberana.
«Ni calco ni copia»: el modelo propio cubano
Díaz-Canel fue enfático al descartar que Cuba esté replicando modelos de otras naciones socialistas. Aunque reconoció el «intercambio regular de experiencias» con China y Vietnam, el presidente subrayó que las condiciones históricas de la isla son singulares y, por tanto, exigen soluciones propias.
«China y Vietnam, cuando iniciaron las reformas hace años, no estaban bloqueados», recordó el mandatario, estableciendo una diferencia fundamental con la realidad cubana. Fue entonces cuando pronunció una frase que resume la filosofía de su administración: «Ni calco ni copia. Creación heroica es lo que tenemos que hacer».
Diálogo con EE.UU.: una apuesta por la civilidad
A pesar de la hostilidad constante, el presidente cubano defendió la importancia de mantener canales de diálogo con Washington. «La revolución siempre ha defendido encontrar por la vía del diálogo la solución a las diferencias bilaterales», recordó Díaz-Canel, evocando la tradición diplomática iniciada por Fidel Castro.
El mandatario abogó por establecer «una relación civilizada entre vecinos» basada en el respeto, la igualdad y la no condicionalidad. Sin embargo, fue categórico al afirmar que «los temas de nuestro sistema político, de nuestra autodeterminación, de nuestra independencia, de nuestra soberanía, no están a debate». Díaz-Canel subrayó que el diálogo es el camino hacia la paz, y la paz es «la premisa para lograr la estabilidad».
No obstante, el presidente no ocultó su escepticismo ante las intenciones de Washington, señalando que «es muy difícil un diálogo cuando hay una potencia que constantemente asume el papel de agresora» y que «históricamente no ha cumplido sus compromisos». También denunció la «retórica amenazante» y las acusaciones falsas, como la reciente afirmación de que Cuba financia «una plataforma de terrorismo político de izquierda».
«El mundo sabe que nosotros somos un país de paz», sentenció Díaz-Canel, quien advirtió que un conflicto bélico sería «un baño de sangre que traería consecuencias terribles para ambas naciones».
La batalla mediática: contra la intoxicación imperial
En un análisis lúcido del conflicto contemporáneo, el presidente cubano describió la «agresión multidimensional» que Washington ejerce contra la isla, que incluye un componente ideológico, uno cultural y otro mediático. Sobre este último, fue particularmente crítico.
«Hay una enorme estrategia de comunicación política supremancista, capitalista e imperial, que tiene un componente altísimo de intoxicación mediática. Muy calumniosa, muy mentirosa», denunció el mandatario, haciendo referencia a la narrativa occidental que, según él, busca ocultar la responsabilidad estadounidense en los desafíos que enfrenta Cuba y justificar la agresión contra el país.
Resistencia activa y futuro incierto
La entrevista de Díaz-Canel a RT dibuja el retrato de un líder consciente de la gravedad de la situación, pero empeñado en forjar un camino alternativo. Su discurso combina el diagnóstico realista con la afirmación de principios, y propone un socialismo en transformación que busca adaptarse a las circunstancias sin perder su esencia.
Mientras Cuba se prepara para implementar las 121 medidas anunciadas, la isla continúa navegando en aguas turbulentas. El «castigo colectivo» denunciado por el mandatario persiste, y la comunidad internacional observa con atención cómo el régimen de la isla intenta compatibilizar la resistencia histórica con las reformas necesarias para su supervivencia económica.
En última instancia, las palabras del presidente cubano resuenan como un eco de la célebre máxima martiana: la construcción socialista en Cuba no admite «ni calco ni copia», sino que exige la «creación heroica» que ha caracterizado a la revolución a lo largo de su historia. Un desafío monumental en un contexto que Díaz-Canel no duda en calificar como «sumamente complejo», pero que la isla está determinada a enfrentar con la convicción de que el diálogo, la paz y la justicia social son los únicos caminos posibles hacia un futuro mejor.

