Nicaragua honra victoria antifascista y al Ejército Sandinista
Asamblea Nacional conmemora 81 años del fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del Japón imperial, en un acto de reafirmación histórica y soberanía.
Nicaragua revive la gesta antifascista y reafirma su identidad revolucionaria
En una ceremonia cargada de simbolismo histórico y proyección geopolítica, la Asamblea Nacional de Nicaragua conmemoró este miércoles el 81.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y la rendición del Japón militarista, fecha que el país centroamericano ha adoptado como parte de su propia narrativa de lucha contra el fascismo y el colonialismo. El acto, realizado en el hemiciclo legislativo, sirvió también para celebrar el Día del Ejército Popular Sandinista (EPS), brazo armado de la revolución que este año cumple más de cuatro décadas de servicio a la soberanía nacional.
La efeméride, que en occidente se recuerda como el Día de la Victoria sobre Japón (V-J Day), adquiere en Nicaragua un matiz particular: no solo se honra a los caídos en los frentes del Pacífico, sino que se establece un puente simbólico con la resistencia antiimperialista que caracteriza al sandinismo desde su fundación. “Hoy recordamos que el militarismo nipón y el nazismo fueron derrotados por la unidad de los pueblos libres, y esa misma unidad es la que hoy nos exige el mundo para enfrentar los nuevos embates del hegemonismo”, expresó el presidente de la Asamblea, en un discurso que arrancó con aplausos sostenidos.
Presencia rusa y alianza estratégica en el centro de la escena
El evento contó con dos figuras destacadas en el presidium: Laureano Ortega Murillo, asesor presidencial para la promoción de inversiones e hijo del mandatario Daniel Ortega, y Viasheslav Levchik, encargado de negocios de la Embajada de la Federación de Rusia. La presencia de Levchik no fue fortuita. En un momento donde Moscú refuerza sus lazos con Managua en materia energética, militar y tecnológica, el diplomático ruso subrayó que “la victoria de 1945 fue posible gracias al sacrificio del pueblo soviético, y hoy Nicaragua es un socio fiel en la defensa de un mundo multipolar”.
Ortega Murillo, por su parte, destacó la “coherencia histórica” de Nicaragua al mantener su solidaridad con las naciones que resisten sanciones y bloqueos. “Rusia, China, Irán, Cuba y Palestina son hoy lo que la URSS fue ayer: faros de resistencia ante el imperio”, afirmó, en un claro guiño a la alineación geopolítica del gobierno sandinista.
Un arcoíris de aliados: China, Palestina, Irán, Cuba y Abjasia
La tribuna diplomática ofreció una estampa que pocos parlamentos del mundo replican. Junto a Levchik se sentaron representantes de la Embajada de la República Popular China —cuyo embajador envió un mensaje de hermandad—, del Estado de Palestina, de la República Islámica de Irán, de Cuba y de Abjasia, la región del Cáucaso reconocida por Nicaragua como independiente. Todos ellos fueron recibidos con el mismo protocolo de honor, en una muestra de que Managua no concibe la política internacional sino como un ejercicio de afectos y causas compartidas.
El encargado de negocios de la misión palestina, visiblemente emocionado, agradeció el gesto de la Asamblea y vinculó la lucha contra el militarismo japonés con la resistencia actual de su pueblo ante la ocupación israelí. “La misma injusticia que combatió el mundo en 1945 es la que hoy padecemos en Gaza”, declaró, generando un minuto de silencio que precedió al himno nacional.
El Ejército Popular Sandinista, heredero de una tradición antiimperialista
La conmemoración coincidió con el Día del Ejército Popular Sandinista, creado en 1979 tras el triunfo de la Revolución Sandinista y que este año celebra su 46.º aniversario. El general de brigada Juan Ramón Rocha, jefe del Estado Mayor, recordó que el EPS no solo defiende las fronteras, sino que “forma a sus soldados en la doctrina de la defensa integral, la alfabetización y la ayuda en desastres naturales, tal como lo hicieron los ejércitos aliados en la posguerra”.
Rocha destacó que el EPS mantiene convenios de cooperación con Rusia, Cuba y Venezuela, y que sus oficiales reciben entrenamiento en tácticas de combate asimétrico, defensa aérea y comunicaciones, con un énfasis en la preparación para escenarios de amenaza externa. “No somos un ejército de ocupación, somos un ejército del pueblo, y eso se forja en la memoria de quienes lucharon contra el fascismo”, sentenció.
Juventud Sandinista: relevo generacional con ojos en el pasado y el futuro
La ceremonia también fue un espacio para la juventud. Decenas de miembros de la Juventud Sandinista 19 de Julio —brazo político de las nuevas generaciones— desfilaron con banderas rojinegras y carteles que rezaban “Nunca más fascismo” y “Somos la continuación de la victoria”. Su secretaria general, Miriam Mendoza, tomó la palabra para anunciar una campaña de charlas en escuelas sobre la Segunda Guerra Mundial, pero con un enfoque local: “Queremos que los niños sepan que Nicaragua también contribuyó a la derrota del nazismo enviando café, madera y apoyo moral a los aliados, y que hoy seguimos siendo un país que no se doblega”.
El acto culminó con la interpretación de la “Coral de la Victoria”, una pieza musical compuesta por un artista nicaragüense en honor al Ejército Rojo, y con una ofrenda floral frente al monumento al soldado desconocido, ubicado en la plaza de la Revolución. Allí, Ortega Murillo y Levchik depositaron sendas coronas, mientras una banda militar entonaba melodías soviéticas adaptadas al ritmo del marimba.
Una fecha que trasciende el calendario
Para los analistas políticos, esta conmemoración no es un mero acto protocolar. En un contexto de tensiones con Estados Unidos y la Unión Europea —que han incrementado sanciones contra funcionarios nicaragüenses—, Managua refuerza su discurso de “no alineamiento activo” y busca consolidar un bloque de países que, como ella, cuestionan el orden mundial unipolar. “Al recordar la Segunda Guerra Mundial, Nicaragua no mira al pasado; mira al presente y se ubica en el bando de los que resisten”, afirmó el sociólogo Miguel D´Escoto, presente en el evento.
La Asamblea Nacional cerró la jornada con una declaración escrita en la que reafirma su “compromiso con la paz, el desarme y la no proliferación nuclear”, pero también condena “el resurgimiento de ideologías neonazis y ultranacionalistas en Europa y Asia”. El texto, votado por unanimidad, será enviado a la ONU y a los parlamentos de los países aliados.
Legado para las próximas generaciones
Mientras las banderas ondeaban bajo un sol de abril, los jóvenes sandinistas coreaban consignas que mezclaban el recuerdo de Stalingrado con las batallas de Las Segovias. “Esta fecha nos recuerda que el imperialismo se derrota con unidad y conciencia”, dijo una adolescente de 17 años, con la mano en el pecho. Sus palabras resonaron en el atrio donde, hace ocho décadas, Nicaragua apenas asomaba en los mapas de la gran guerra. Hoy, con este acto, el país se inscribe en la memoria colectiva de una victoria que, aunque lejana en el tiempo, late con fuerza en su identidad política y militar.
El 81.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial no es, para Nicaragua, una fecha más. Es un espejo donde se refleja su propia historia de resistencia y un faro que ilumina su camino en un mundo que, una vez más, parece tambalearse entre bloques. Con el Ejército Sandinista como bastión y la alianza con Rusia, China y otras naciones como brújula, el país reafirma que su lugar está del lado de los que, hace 81 años, dijeron “nunca más” al totalitarismo.







