INTERNACIONALLATAMLOS PUEBLOS

Lula desafía a la ONU y a EE.UU. en la Asamblea

Desde Nueva York, el mandatario brasileño criticó la parálisis de la ONU, pidió elecciones en Venezuela y condenó el bloqueo a Cuba

Nueva York fue, una vez más, el escenario elegido por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para lanzar un mensaje contundente a la comunidad internacional. En su décima intervención consecutiva como encargado de abrir el debate general de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el líder sudamericano combinó un diagnóstico sombrío sobre el estado del multilateralismo con posicionamientos concretos sobre dos de los focos de tensión más sensibles del continente: Venezuela y Cuba.

Un organismo «de credibilidad debilitada»

El jefe de Estado brasileño no escatimó en severidad al evaluar el papel que ha jugado Naciones Unidas durante los últimos años. Recordó que ya en 2003 ocupó por primera vez ese mismo atril y sostuvo que, dos décadas después, el organismo atraviesa «el momento más crítico» de su historia reciente. A su juicio, la institución ha sido incapaz de cumplir su mandato fundacional: evitar los conflictos armados y contener el poder de las grandes potencias.

Lula fue enfático al señalar que la confianza depositada en la ONU se encuentra en su punto más bajo, y responsabilizó de ello a la inacción crónica del Consejo de Seguridad, un órgano que, según denunció, opera bajo reglas heredadas de 1946 que otorgan privilegios excesivos a un puñado de potencias mediante el derecho de veto. Ese diseño original, insistió, dejó a los países sin capacidad militar en una posición de vulnerabilidad estructural frente a los conflictos globales.

Vinculado a ese diagnóstico, el mandatario trazó un paralelismo directo con la región que representa. Advirtió que la cercanía geográfica de América Latina y el Caribe con Washington genera fricciones inevitables, especialmente en un escenario de renovado apetito hegemónico por parte de Estados Unidos. Fue en ese punto donde pronunció la frase que resumió el espíritu de su discurso: la región, y Brasil en particular, no aceptará ser tratada como zona de influencia exclusiva de nadie, y reclama socios dispuestos a construir una agenda de desarrollo compartido por encima de las diferencias ideológicas.

Un llamado a elecciones en Venezuela

Horas antes de subir a la tribuna, Lula había marcado postura sobre otro de los expedientes más delicados de la política exterior regional. En diálogo con la cadena estadounidense CNN, el presidente brasileño se refirió a la situación venezolana y a la relación de tensión que mantiene ese país con Washington.

Consultado sobre qué haría en el lugar de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, Lula respondió sin rodeos: convocaría comicios cuanto antes para que sea la ciudadanía venezolana quien defina su propio liderazgo. El mandatario aprovechó la ocasión para cuestionar el trato que, a su entender, Estados Unidos dispensa al gobierno venezolano, al que describió como una relación marcada por la subordinación antes que por el diálogo entre iguales.

En ese contexto, apuntó directamente al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a quien acusó de ejercer un control de facto sobre los ingresos petroleros venezolanos, con una distribución que, según Lula, favorece desproporcionadamente los intereses de Washington. El presidente brasileño también recuperó episodios históricos de intervencionismo estadounidense en la región y el mundo —mencionó explícitamente los cuestionados argumentos usados para justificar la invasión a Irak y la presión sobre el programa nuclear iraní— para advertir sobre el riesgo de que se repitan libretos similares en el caso venezolano.

Condena al embargo sobre Cuba

El tercer eje del discurso de Lula ante la Asamblea General estuvo dedicado a Cuba. El mandatario describió como un «castigo colectivo» el recrudecimiento de las sanciones económicas, comerciales y energéticas que la administración de Donald Trump ha impuesto contra la isla, y afirmó que sus efectos recaen directamente sobre una población de aproximadamente diez millones de personas.

La denuncia de Lula llegó apenas unos meses después de que Washington endureciera su política hacia La Habana mediante una orden ejecutiva que declaró una «emergencia nacional» frente a lo que la Casa Blanca calificó como una amenaza «extraordinaria» proveniente de Cuba, documento que además vinculó al gobierno cubano con actores como Rusia y China. Aquella medida fue acompañada de aranceles contra terceros países que comercien petróleo con la isla, en el marco de una escalada que Cuba ha rechazado de forma sistemática, calificando las acusaciones estadounidenses de infundadas.

Las palabras de Lula no tardaron en generar reacción en La Habana: el canciller cubano, Bruno Rodríguez, agradeció públicamente el respaldo brasileño y valoró que la intervención del mandatario sudamericano visibilizara ante el foro multilateral el impacto humanitario del cerco económico impuesto por Washington, vigente desde hace más de seis décadas.

Un discurso con proyección bilateral

El paso de Lula por Nueva York no se agota en lo discursivo. El presidente brasileño ha señalado en ocasiones anteriores su intención de sostener un encuentro directo con Donald Trump durante esta edición de la Asamblea, oportunidad que —según ha adelantado— utilizaría para trasladarle una advertencia clara: cualquier intento de injerencia en el proceso electoral brasileño resultaría inaceptable para su gobierno.

Con este triple mensaje —crítica al sistema multilateral, respaldo a una salida electoral en Venezuela y condena al bloqueo sobre Cuba—, Lula reafirmó ante la comunidad internacional el perfil de política exterior que ha caracterizado a su gestión: una defensa de la autonomía regional frente a las potencias tradicionales y un cuestionamiento persistente a las asimetrías de poder que, a su juicio, siguen definiendo el orden mundial.

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