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La ONU se reúne bajo la sombra del Corolario Trump

América Latina llega a Nueva York entre crudo, tropas y presiones diplomáticas de Washington sobre su patio trasero

Nueva York vuelve a convertirse, entre el 22 y el 28 de septiembre, en el epicentro de la diplomacia mundial. Representantes de cerca de 130 países se dan cita en la sede de Naciones Unidas para el debate general del 81.º período de sesiones de la Asamblea General, un evento que este año llega marcado por la controvertida política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe.

Bajo el lema de recomponer la confianza multilateral y reactivar la cooperación internacional, la cumbre servirá —como cada año— para algo más que los discursos oficiales: será el escenario de negociaciones paralelas, encuentros bilaterales discretos y el reacomodo de alianzas regionales que, en más de una ocasión, terminan pesando tanto o más que la propia Asamblea.

Una agenda oficial cargada de temas globales

El organismo internacional ha situado en el centro del debate la gobernanza de la inteligencia artificial, la seguridad internacional, la acción climática y la salud pública, entre otros asuntos de alcance planetario. Sin embargo, para la región latinoamericana, el trasfondo real de esta edición girará en torno a un nombre propio: Donald Trump.

Veteranos y debutantes en el estrado

La lista de mandatarios que tomarán la palabra combina rostros con largo recorrido diplomático, como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva —que por tradición inaugura el debate general— con figuras que se estrenan ante la Asamblea, entre ellas Keiko Fujimori, José Antonio Kast y Delcy Rodríguez.

Todas las miradas, no obstante, apuntan al discurso del propio Trump, de quien se espera una defensa cerrada de la agenda exterior de su Gobierno hacia el hemisferio, formalizada recientemente en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos bajo la denominación de Corolario Trump a la Doctrina Monroe, ya popularizado como la «Doctrina Donroe».

Sanciones, aranceles y una guerra declarada al «narcoterrorismo»

Ese documento consagra una línea de acción caracterizada por sanciones a gobiernos considerados adversarios, aranceles punitivos, amenazas de intervención armada y operaciones militares justificadas bajo el argumento de combatir el narcotráfico. A ello se suma un respaldo abierto —que incluye denuncias de injerencia en procesos electorales— a fuerzas políticas afines ideológicamente a Washington, además de una ofensiva para asegurar el control sobre recursos estratégicos de la región, de la cual el reciente pacto energético con Venezuela constituye el ejemplo más reciente.

La Coalición contra los Cárteles, en la mira

Se anticipa que Trump aprovechará la presencia de sus socios regionales para reforzar la llamada Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), el instrumento operativo central del denominado Escudo de las Américas y del Grupo de Tarea Conjunto del Hemisferio Occidental, dependiente del Comando Sur.

Esta alianza, nacida en marzo con la participación de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago —a la que después se sumaron Colombia y Perú tras los cambios de gobierno en ambos países—, enfrenta cuestionamientos crecientes. Organizaciones y analistas señalan la falta de evidencias que sustenten las acusaciones de narcotráfico contra las víctimas, en su mayoría mortales, de los ataques ejecutados en aguas y territorios de la región, así como el carácter extrajudicial de esas acciones y su escasa efectividad real para reducir el tráfico de drogas, de acuerdo con cifras del propio Gobierno estadounidense.

Con figuras como la mexicana Claudia Sheinbaum y el brasileño Lula manteniendo una postura crítica frente a este enfoque militarizado, resulta previsible que el asunto ocupe un lugar destacado en los encuentros informales que se celebren al margen del temario oficial.

El encuentro que nadie quería perderse: Trump y Delcy Rodríguez

Uno de los episodios más esperados de la semana es el cara a cara entre el presidente estadounidense y la mandataria encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien llegó este lunes a Nueva York para representar a su país en la Asamblea.

La cita adquiere un significado particular al producirse apenas ocho meses después de que fuerzas estadounidenses bombardearan instalaciones militares en Caracas y trasladaran por la fuerza al presidente Nicolás Maduro, quien continúa recluido en un centro de detención en Brooklyn a la espera de un juicio cuestionado por organizaciones de derechos humanos, que alegan que el mandatario venezolano mantiene inmunidad como jefe de Estado.

Rodríguez, entonces vicepresidenta ejecutiva, asumió la presidencia encargada el 5 de enero pasado y, desde ese momento, apostó por reabrir canales diplomáticos con Washington, una estrategia que le ha valido comentarios elogiosos por parte de Trump. La semana pasada, el propio mandatario estadounidense no descartó un encuentro presencial durante la Asamblea, y fuentes de su entorno adelantaron que se trabajaba para concretar la cita este 22 de septiembre, información que terminó siendo confirmada por el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, aunque sin detallar los temas que se tratarán. Todo apunta a que el petróleo ocupará un lugar central en la conversación.

Irán y el nuevo secretario general, otros focos de tensión

La agenda paralela también incluirá el conflicto en Oriente Próximo, donde Washington libra desde febrero una confrontación abierta con Irán que ha golpeado el mercado energético global y complicado la navegación comercial por el estrecho de Ormuz. Trump prevé además un encuentro informal con líderes de seis países del Golfo para abordar la crisis regional, en medio de una guerra que ya supera los ocho meses sin que ninguna de las partes admita públicamente estar dispuesta a negociar.

Por último, la Asamblea definirá también al sucesor del portugués António Guterres al frente de la organización. Por el sistema de rotación regional, el cargo corresponde esta vez a un candidato latinoamericano, caribeño o africano. Compiten el argentino Rafael Grossi, la antiguana María Fernanda Espinosa Garcés, la costarricense Rebeca Grynspan, la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, el ugandés Olara Otunnu y el burundés Macky Shall. La expresidenta chilena Michelle Bachelet, que contaba con el respaldo de Brasil, México y Chile y figuraba entre las favoritas, retiró este sábado su candidatura al considerar que el clima político internacional dificulta el proyecto diplomático que se había propuesto liderar.

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