ECONOMIA Y FINANZASINTERNACIONALSEGURIDAD

Los hutíes afianzan su control sobre el estrecho de Bab al-Mandeb

El avance hutí a lo largo de la costa del mar Rojo y la toma de la isla de Mayún sitúan al grupo ante la posibilidad de estrangular una de las rutas marítimas más importantes del mundo sin depender de misiles ni drones.

Una ofensiva relámpago en la costa del mar Rojo

Saná / Dubái — Los hutíes de Yemen han completado en apenas una semana una ofensiva militar que les ha permitido consolidar el control de la costa del mar Rojo, incluida la ciudad portuaria de Moca, y extender su presencia hasta el propio corazón del estrecho de Bab al-Mandeb. Fuentes militares y testigos sobre el terreno confirmaron que las fuerzas hutíes tomaron Moca al amanecer del jueves y avanzaron después hacia el sur, hasta hacerse con la isla de Mayún —conocida también como Perim—, situada en medio del estrecho.

Un responsable local del Gobierno yemení reconoció ante los medios que los hutíes «han completado la toma del estrecho de Bab al-Mandeb y de la isla de Mayún». El movimiento no es un episodio menor: supone un cambio cualitativo en la capacidad del grupo para interferir en el tráfico marítimo internacional.

El segundo cuello de botella

El estrecho de Bab al-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye la puerta de entrada al canal de Suez, la vía más corta entre Europa y Asia. Su importancia estratégica se ha multiplicado en los últimos meses, después de que el estrecho de Ormuz quedara prácticamente cerrado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Ante esa situación, la ruta del mar Rojo se ha convertido en el principal canal de salida para el petróleo saudí: las exportaciones desde el puerto de Yanbu alcanzaron un promedio de 3,8 millones de barriles diarios entre marzo y julio, casi cinco veces más que antes de la guerra.

Con los hutíes ahora apostados en la orilla oriental del estrecho y en sus islas centrales, esa vía alternativa queda directamente amenazada. El experto iraquí en energía Ziad Al-Hashimi advirtió que una interrupción del tráfico en Bab al-Mandeb «golpearía primero la principal arteria por la que Arabia Saudí bombea petróleo hacia los mercados asiáticos», con un volumen cercano a los cinco millones de barriles diarios en riesgo. El precio del Brent superó el viernes los 100 dólares por barril, mientras el diésel estadounidense rebasaba por primera vez los seis dólares por galón.

El mensaje hutí: «La navegación está garantizada»

El miembro del buró político hutí Hazem Al-Assad intentó rebajar la tensión internacional. En declaraciones a la prensa, aseguró que «la libertad de navegación y el comercio internacional en el mar Rojo y el estrecho de Bab al-Mandeb son seguros y ordenados», y subrayó que «la comunidad internacional no tiene nada que temer, porque no sufrirá ninguna amenaza procedente de Yemen».

Sin embargo, el grupo mantiene su bloqueo naval contra buques saudíes y, desde julio, ha atacado varios petroleros de bandera saudí. Su Centro de Coordinación de Acciones Humanitarias ha dejado claro que la navegación en el mar Rojo es segura para «todas las compañías navieras excepto las saudíes».

Un cambio de naturaleza en la amenaza

La toma de la costa y de las islas del estrecho transforma la forma en que los hutíes pueden proyectar su amenaza sobre el transporte marítimo. Hasta ahora dependían de misiles y drones lanzados desde posiciones terrestres para atacar barcos en el mar Rojo, una estrategia costosa y limitada por el stock de armamento disponible. Con el control físico de ambas orillas y de la isla de Mayún, el grupo puede vigilar, interceptar y hostigar el tráfico marítimo de forma mucho más directa y sostenida.

Eso genera un segundo problema, quizá menos visible pero igualmente grave: las armas de largo alcance que ya no necesitan emplearse contra barcos en Bab al-Mandeb pueden ser reorientadas hacia otros frentes. El enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, advirtió ante el Consejo de Seguridad que la comunidad internacional debe prepararse para «una nueva fase, más peligrosa, de la guerra en Yemen».

Un panorama regional en recomposición

La ofensiva llega en un año de profundos cambios en el bando contrario a los hutíes. El Consejo de Transición del Sur (STC) anunció su disolución en enero de 2026; su líder, Aidarus al-Zubaidi, huyó a Emiratos Árabes Unidos y afronta acusaciones de traición. Arabia Saudí asumió entonces el control directo de los asuntos políticos y de seguridad del sur de Yemen, creando un comité militar supremo bajo mando de la coalición.

Analistas consultados señalan que la desaparición del STC eliminó a uno de los principales contrapesos armados a los hutíes en el sur, debilitando aún más a las fuerzas gubernamentales respaldadas por Riad. El ministro de Defensa saudí, Khalid bin Salmán, había calificado la cuestión del sur como «una causa justa», pero el control directo de Riad sobre esa región no se ha traducido todavía en una contención militar eficaz del avance hutí.

Reacciones internacionales y perspectivas

Estados Unidos acusó ante el Consejo de Seguridad a los hutíes de actuar como «agentes e instrumentos de Irán». Teherán, por su parte, celebró los avances: un asesor iraní describió la ofensiva como «una victoria decisiva». Las fuerzas leales al Gobierno yemení han declarado varias zonas de la costa del mar Rojo «zonas de muerte» y prometen responder con «todo tipo de armas y fuego», aunque su capacidad real de contraataque tras la retirada de Moca está por ver.

Con los hutíes consolidados a lo largo de Bab al-Mandeb, la ruta que concentra cerca del 12% del comercio mundial de petróleo se encuentra en un punto crítico. Irán y sus aliados manejan ahora fichas simultáneas en Ormuz y en Bab al-Mandeb, y la cadena de suministro energética de Oriente Medio afronta una presión doble sin precedentes recientes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *