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China acusa a EE.UU. de inventar amenazas en Latinoamérica

La embajada china en Buenos Aires compara las advertencias de Washington sobre tecnología china con el episodio de las «armas de destrucción masiva» en Irak.

Buenos Aires. La embajada de la República Popular China en Argentina lanzó un duro señalamiento contra el gobierno de Estados Unidos, al que responsabilizó de emplear un patrón histórico de fabricación de amenazas para justificar sus propios intereses estratégicos en la región. El pronunciamiento, difundido a través de un comunicado oficial, llega en medio de una escalada verbal entre ambas potencias por la presencia creciente de compañías tecnológicas chinas en América Latina.

Un paralelismo con Irak

El texto diplomático no escatimó en comparaciones históricas. Según la representación china, las declaraciones recientes de un funcionario estadounidense sobre supuestas «amenazas disfrazadas de competencia» guardan una preocupante similitud con los argumentos que Washington utilizó hace más de dos décadas para justificar la invasión a Irak.

En aquel episodio, la administración de George W. Bush sostuvo —sin pruebas que resistieran el paso del tiempo— que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, una acusación que terminó por desmoronarse y que hoy sigue siendo citada como uno de los mayores fiascos de inteligencia y propaganda de la política exterior estadounidense.

«La historia ha demostrado, una y otra vez, que las aparentes amenazas de las que se habla ahora son pura invención», sostuvo la embajada, que además recurrió a un refrán para ilustrar su postura: se trataría, según Pekín, de un caso típico de «el ladrón que grita: ¡agarren al ladrón!».

El nombre que nadie confirmó, pero todos señalan

Aunque el comunicado evitó mencionar explícitamente a un responsable, distintos medios argentinos coincidieron rápidamente en identificar al destinatario implícito del reproche: Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos en Argentina. El diplomático estadounidense ha protagonizado en los últimos meses una serie de intervenciones públicas en las que advierte sobre los riesgos de que gobiernos latinoamericanos utilicen infraestructura tecnológica de origen chino.

A finales del mes pasado, Lamelas había señalado directamente a firmas como Huawei, ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y DJI, argumentando que sus tecnologías podrían quedar «sujetas a los designios del gobierno comunista chino». Con ese argumento, instó a los países de la región a «cambiar rápidamente a proveedores confiables» para, según sus palabras, resguardar la soberanía y la seguridad de sus ciudadanos.

Los antecedentes que China pone sobre la mesa

Para reforzar su argumento de que Washington recurre sistemáticamente a la construcción de amenazas ficticias, la cancillería china citó dos episodios adicionales que, a su juicio, revelan un patrón de conducta:

El caso Alstom. En 2014, la compañía ferroviaria francesa Alstom fue obligada a venderse a bajo costo tras una ofensiva legal y política de Estados Unidos, que utilizó acusaciones de corrupción para presionar a sus directivos. El episodio es frecuentemente citado como un ejemplo de cómo Washington habría instrumentalizado su aparato judicial para favorecer intereses comerciales propios frente a competidores extranjeros.

Las revelaciones de Snowden. El segundo antecedente mencionado por la diplomacia china es el de Edward Snowden, el excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que en 2013 filtró documentos que exponían un vasto programa de vigilancia electrónica y recolección masiva de datos operado por el propio gobierno estadounidense. Para Pekín, ese episodio desnudó «la verdadera cara de los supuestos defensores de la ciberseguridad», una crítica que busca contrastar con el discurso actual de Washington sobre los riesgos que representaría la tecnología china.

Un llamado a la cautela

El comunicado cierra con una advertencia dirigida a los países de la región: existen funcionarios, sostiene la embajada, que se especializan en «disfrazar sus propios intereses como amenazas comunes infundadas». Por ello, llamó a los gobiernos latinoamericanos a observar con escepticismo lo que calificó como «advertencias bienintencionadas» provenientes de Washington.

El intercambio se produce en un contexto de creciente disputa geopolítica por la influencia económica y tecnológica en América Latina, donde tanto Estados Unidos como China han intensificado sus esfuerzos diplomáticos y comerciales durante los últimos años, convirtiendo a la región en un nuevo escenario de la rivalidad entre ambas potencias.

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