Ébola en RDC: el brote más mortífero de la historia
La epidemia en RDC supera los 6.500 casos y 3.150 muertos, con 48% de letalidad y riesgo de superar el brote de África Occidental de 2014.
Redacción Internacional
La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa la peor crisis sanitaria de su historia reciente. El brote de ébola declarado a mediados de mayo en el este del país se ha consolidado como el más mortífero jamás registrado en suelo congoleño y amenaza con convertirse en el segundo más grave a nivel mundial, solo por detrás de la devastadora epidemia de África Occidental de 2014-2016. La velocidad de propagación, la resistencia comunitaria a las medidas sanitarias y la falta de una vacuna eficaz contra la cepa causante han encendido todas las alarmas en la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Una cifra que no deja de crecer
Según el más reciente boletín del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la RDC, la epidemia acumula ya más de 6.500 casos confirmados y cerca de 3.150 fallecidos, con una tasa de letalidad que ronda el 48%, una de las más altas jamás registradas para el virus. Solo en las últimas jornadas se han sumado decenas de nuevos contagios y muertes diarias, mientras los pacientes dados de alta ya superan el millar y medio, una cifra que, pese a ser positiva, resulta insuficiente frente al ritmo de expansión del brote.
El epicentro continúa siendo la provincia de Ituri, en el noreste del país, que concentra más del 80% de los contagios totales. Sin embargo, el virus ha logrado extenderse a otras provincias —entre ellas Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé y Tshopo—, lo que evidencia serias dificultades para contener su avance en una región marcada por la alta movilidad poblacional y la persistencia de conflictos armados.
La OMS pide una tregua humanitaria
Ante el deterioro de la situación, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha calificado este brote como el de más rápido crecimiento jamás registrado, con un ritmo de mortalidad que en las semanas más críticas equivalía a una persona fallecida aproximadamente cada media hora. El organismo internacional, junto a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), ha advertido que los esfuerzos de contención se mantienen por debajo de los objetivos establecidos y que buena parte de los nuevos casos se producen fuera de las cadenas de transmisión conocidas, lo que complica enormemente el rastreo epidemiológico.
Por esta razón, la OMS ha solicitado una tregua humanitaria de seis meses en las zonas afectadas por la violencia armada, con el objetivo de facilitar el acceso de los equipos médicos a las comunidades más golpeadas por el virus y reforzar la respuesta sanitaria sin las interrupciones que impone el conflicto.
Una cepa sin vacuna ni tratamiento aprobado
Uno de los factores que más complica la respuesta es que este brote está causado por la cepa Bundibugyo del virus del ébola, para la que, a diferencia de la cepa Zaire —la más común y la que cuenta con vacunas y tratamientos autorizados—, no existen actualmente fórmulas aprobadas. Aunque sus síntomas suelen ser más leves en las fases iniciales, esa misma característica ha llevado a que numerosos pacientes recurran a la medicina tradicional o retrasen la búsqueda de atención médica, favoreciendo sin saberlo la propagación del virus.
El trabajo, en primera línea, de los equipos funerarios
Más allá de la fragilidad estructural del sistema de salud congoleño, quienes libran la batalla más dura sobre el terreno son los equipos encargados de los entierros seguros, una medida esencial para evitar contagios a través del contacto con los cuerpos de las víctimas. Yuma Adolphe, líder de uno de estos equipos en Ituri, describe jornadas agotadoras física y emocionalmente: pese a percibir apenas 20 dólares diarios, sus compañeros enfrentan una carga de trabajo creciente y, con frecuencia, el resentimiento de familias en pleno duelo. «Es difícil, pero tratamos de ir más allá de nuestros límites», resume.
La prohibición de los ritos funerarios tradicionales —considerados un foco de contagio de alto riesgo— ha generado incomprensión y, en ocasiones, hostilidad hacia el personal sanitario. Es el caso de Sofia Wanito, quien perdió a su hija Justine Abineno y no pudo despedirla como hubiera querido, al no poder siquiera ver su cuerpo antes del entierro.
Comparaciones con brotes anteriores
El brote actual ya ha superado en número de víctimas al registrado entre 2018 y 2020 en la misma región del país, que dejó 3.481 casos y 2.299 muertos. De mantenerse el ritmo actual de contagios, las proyecciones de la OMS apuntan a que la epidemia podría incluso superar la magnitud del brote de África Occidental de 2014-2016, que infectó a más de 28.600 personas y causó 11.325 muertes en Guinea, Liberia y Sierra Leona, convirtiéndose en la crisis de ébola más letal jamás registrada en el mundo.
Pese a ello, cabe destacar que la RDC es el país con mayor experiencia global en el manejo de esta enfermedad: ha enfrentado más de una docena de brotes desde que el virus fue identificado en 1976, en un doble brote cuyo epicentro estuvo, entre otros lugares, en la localidad de Yambuku, a orillas del río Ébola, del que la enfermedad tomó su nombre. De hecho, el país había logrado declarar el fin de un brote anterior, en la región de Kasai, apenas en diciembre de 2025.
Una carrera contrarreloj
Mientras los equipos de respuesta luchan contra el reloj, la desconfianza comunitaria y un terreno hostil marcado por la violencia armada, la comunidad internacional observa con creciente preocupación la evolución de una epidemia que, lejos de ceder, continúa expandiéndose por el corazón de África. La petición de tregua humanitaria formulada por la OMS podría ser determinante para frenar un brote que, de no controlarse pronto, corre el riesgo de convertirse en la peor crisis de ébola de la historia.

