INTERNACIONALPOLITICA

EEUU: la trastienda sucia de las legislativas de noviembre

PAC fantasma, retiradas de última hora y candidatos duplicados: así libran demócratas y republicanos su batalla por el Congreso este noviembre.

La campaña rumbo a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos ha entrado en su fase decisiva, y con ella han emergido tácticas cada vez más agresivas por parte de ambos partidos para inclinar la balanza a su favor. A pocos meses de los comicios de noviembre, republicanos y demócratas despliegan un arsenal de estrategias —algunas legales pero cuestionables, otras directamente en los límites de la ética política— que podrían resultar determinantes en el reparto del poder legislativo.

El terreno de juego, además, se ha vuelto más estrecho que nunca. El reciente proceso de redistribución de distritos electorales ha reducido drásticamente el número de circunscripciones verdaderamente competitivas en la Cámara de Representantes, mientras que la disputa por el Senado se perfila como una de las más ajustadas de la última década. En ese contexto de márgenes mínimos, cualquier jugada táctica —por pequeña que parezca— puede inclinar el resultado final, según un análisis publicado por el medio estadounidense Axios.

Comités opacos y dinero sin rastro

Uno de los fenómenos más llamativos de este ciclo electoral es la proliferación de comités de acción política (PAC) de origen difuso. En junio, registros de la Comisión Federal Electoral (FEC, por sus siglas en inglés) destaparon que operadores vinculados al Partido Republicano estaban financiando, en la sombra, una serie de Super PAC con nombres que sugerían una orientación progresista: Lead Left PAC, Real Change PAC y Progressive Champions PAC, entre otros.

Estas entidades, autorizadas por la legislación estadounidense a recaudar y gastar sumas ilimitadas siempre que no coordinen formalmente con las campañas de los candidatos, fueron utilizadas para inyectar publicidad en apoyo de aspirantes demócratas situados en el ala más izquierdista del partido, o bien ligados a controversias públicas, durante las primarias celebradas en distritos considerados clave para el equilibrio de fuerzas en el Congreso.

La lógica detrás de la maniobra es tan simple como polémica: promover a los rivales que el otro bando considera más débiles o más fáciles de derrotar en la contienda general. Axios subraya que este tipo de intervención encubierta no es nueva en la política estadounidense, pero su frecuencia ha aumentado notablemente en los últimos ciclos electorales.

El fenómeno no es exclusivo del Partido Republicano. AIPAC, el poderoso grupo de presión proisraelí, ha recurrido a una estrategia similar para favorecer a los candidatos de su preferencia dentro del propio campo demócrata. En Illinois, por ejemplo, la organización canalizó su respaldo a través de comités con nombres tan diversos como Chicago Progressive Partnership, Elect Chicago Women y Affordable Chicago Now, todos ellos orientados a impulsar a un mismo aspirante a la Cámara baja.

De forma paralela, distintos comités asociados a bloques demócratas del Congreso —entre ellos el Comité Demócrata de Mujeres y el Caucus Hispano— han sido empleados como vehículos de financiación indirecta para respaldar candidaturas específicas en otras contiendas del país, ampliando así la red de actores que participan, de manera más o menos visible, en la financiación de estas campañas.

Retiradas calculadas al milímetro

Más allá del dinero, el calendario electoral también se ha convertido en campo de batalla. Dos episodios recientes ilustran cómo el momento exacto de una decisión política puede resultar tan estratégico como cualquier campaña publicitaria.

El representante demócrata por Illinois, Jesús «Chuy» García, provocó una fuerte controversia al abandonar la carrera por la reelección justo antes del cierre del plazo de inscripción de candidaturas. La maniobra despejó el camino para que su jefa de gabinete, Patty García, quedara como única aspirante demócrata en un distrito históricamente favorable al partido. La jugada no pasó inadvertida: la Cámara de Representantes aprobó en noviembre una moción de censura bipartidista contra el legislador por considerar que había manipulado el proceso en beneficio propio.

Del lado republicano, el senador por Montana Steve Daines protagonizó un movimiento igual de calculado. En marzo, anunció su retirada de la contienda apenas cinco minutos después de que el fiscal federal del estado, Kurt Alme, formalizara su propia candidatura al escaño —y solo tres minutos antes de que venciera el plazo oficial de inscripción—. La secuencia de tiempos, prácticamente milimétrica, generó sospechas sobre una coordinación previa entre ambos, algo que sus responsables han negado públicamente.

Homónimos, terceros partidos y acusaciones de sabotaje

Las primarias de Alaska ofrecieron uno de los episodios más insólitos del ciclo: dos hombres llamados Dan Sullivan aparecieron simultáneamente en la papeleta electoral. Se trata del actual senador republicano Dan S. Sullivan y de un exprofesor universitario, Dan J. Sullivan, cuya inscripción generó una batalla legal inmediata.

El Partido Republicano intentó excluir al segundo aspirante de la boleta, alegando que su candidatura formaba parte de una operación orquestada por el Partido Demócrata para sembrar confusión entre el electorado y restar votos al senador en ejercicio. Sin embargo, la justicia falló en contra de esa petición, y ambos candidatos homónimos permanecerán en las papeletas de noviembre.

Una disputa de naturaleza similar, aunque con roles invertidos, se libra en el séptimo distrito de Pensilvania. Allí, los demócratas acusan al candidato del Partido Verde, Andrew Tupone, de actuar como un «candidato tapón» destinado a fragmentar el voto progresista y facilitar así la victoria del republicano Ryan Mackenzie frente al demócrata Bob Brooks.

Tanto la sección estatal del Partido Verde como un grupo de electores del distrito han presentado sendas demandas judiciales para impedir que Tupone figure en la boleta. Según los documentos presentados, el candidato estuvo afiliado al Partido Republicano hasta febrero de este mismo año y habría recibido apoyo operativo de militantes republicanos para reunir las firmas necesarias y formalizar su candidatura. El propio Partido Verde de Pensilvania se desmarcó públicamente de él, afirmando que Tupone «no cuenta con su respaldo ni ha sido nominado» oficialmente por la formación.

Un Congreso que se decide en los márgenes

Estos episodios —sumados a la creciente sofisticación en el uso de Super PAC opacos, retiradas estratégicas y candidaturas de dudosa procedencia— reflejan hasta qué punto la contienda por el control del Congreso se libra hoy en día tanto en el terreno de las urnas como en el de la ingeniería política. Con un número cada vez más reducido de distritos verdaderamente disputados y un Senado que podría cambiar de manos por un puñado de escaños, cada una de estas maniobras adquiere un peso desproporcionado frente a ciclos electorales anteriores, cuando existía un margen mayor de error para ambos partidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *