ECONOMIA Y FINANZASINTERNACIONAL

Dimon alerta: el dólar enfrenta su mayor prueba global seria

Jamie Dimon advierte que EE.UU. podría perder el liderazgo monetario en 25 años, mientras el oro gana terreno entre las reservas globales y oficiales.

La hegemonía financiera de Estados Unidos enfrenta uno de sus mayores desafíos desde la creación del actual orden monetario internacional. Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, ha advertido que el dólar podría dejar de ocupar la posición dominante como moneda de reserva mundial dentro de los próximos 25 años si Estados Unidos pierde simultáneamente su primacía económica y militar.

La declaración adquiere especial relevancia porque no procede de un analista marginal ni de un grupo político contrario a Washington. Dimon encabeza una de las instituciones financieras más importantes del planeta y durante años ha advertido sobre los riesgos derivados del endeudamiento estadounidense, la fragmentación geopolítica y el debilitamiento de las bases económicas que sostienen el poder de Washington.

En una entrevista con Margaret Hoover, el banquero planteó una relación directa entre poder económico, capacidad militar y liderazgo monetario. Su argumento central es que la fortaleza del dólar no depende exclusivamente de la política de la Reserva Federal o del tamaño de los mercados financieros estadounidenses: también está respaldada por la capacidad de Estados Unidos para proyectar poder económico, político y estratégico a escala global.

El dólar todavía domina, pero ya no lo hace solo

Hablar del final del dólar sería, por ahora, prematuro.

La moneda estadounidense continúa ocupando una posición extraordinariamente fuerte en el sistema financiero internacional. El Atlantic Council señala que el dólar representa aproximadamente 58% de las reservas internacionales de divisas, muy por encima del euro, que ocupa el segundo lugar. Además, Estados Unidos conserva los mercados de capitales más profundos y líquidos del planeta, una ventaja difícil de reproducir rápidamente por otra economía.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre hablar de colapso del dólar y hablar de pérdida gradual de su participación relativa.

La segunda tendencia ya está documentada.

La participación del dólar en las reservas mundiales ha disminuido significativamente desde finales del siglo XX. El Atlantic Council estima que pasó de alrededor de 71% en 1999 a aproximadamente 56.3% al cierre de 2025, dependiendo de la metodología utilizada para medir las reservas y de si se incluye o no el oro.

Esto no significa que exista una moneda preparada para sustituirlo de manera inmediata. Significa algo más complejo: los bancos centrales están diversificando sus reservas.

Y esa diversificación puede terminar modificando el equilibrio financiero mundial.

El oro alcanza un punto de inflexión

Uno de los indicadores más llamativos de este cambio procede precisamente del comportamiento de los bancos centrales.

De acuerdo con datos difundidos por el Banco Central Europeo, al cierre de 2025 el oro representaba aproximadamente 27% de los activos oficiales de reserva globales, frente a 22% correspondiente a los bonos del Tesoro estadounidense y 15% a los activos denominados en euros.

El dato requiere una precisión importante.

El avance del oro no se explica exclusivamente porque los bancos centrales hayan comprado cantidades extraordinarias del metal. El fuerte incremento de su precio durante 2025 también elevó considerablemente el valor de las reservas existentes.

De hecho, el BCE señaló que las compras de oro de los bancos centrales disminuyeron hasta unas 850 toneladas en 2025, después de haber superado las 1,000 toneladas anuales durante varios años anteriores.

Aun así, el mensaje financiero es significativo.

El oro posee una característica que ningún bono soberano puede replicar completamente: no representa el pasivo de otro Estado.

En un escenario de creciente rivalidad geopolítica, sanciones financieras, guerras comerciales y preocupación por la sostenibilidad fiscal de algunas economías, esa característica adquiere un valor estratégico.

Las sanciones cambiaron las reglas del juego

Uno de los acontecimientos que aceleró la discusión sobre la llamada desdolarización fue la utilización del sistema financiero internacional como instrumento de presión geopolítica después de la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Las sanciones impuestas por Estados Unidos, Europa y sus aliados demostraron hasta qué punto el sistema financiero dominado por el dólar puede convertirse en una herramienta de poder internacional.

Pero esa misma capacidad genera un efecto secundario.

Los países que temen quedar expuestos a futuras sanciones tienen incentivos para diversificar sus reservas, desarrollar sistemas alternativos de pagos y aumentar sus operaciones comerciales en monedas diferentes al dólar.

El fenómeno no significa necesariamente que todos esos países quieran abandonar el sistema financiero estadounidense. En muchos casos, simplemente buscan reducir su vulnerabilidad.

El resultado puede ser una transformación silenciosa del sistema.

BRICS y la búsqueda de un sistema más multipolar

En este contexto, el crecimiento de los BRICS representa uno de los principales desafíos geoeconómicos para Washington.

China, Rusia, India, Brasil y otras economías incorporadas al bloque han impulsado mecanismos destinados a facilitar el comercio bilateral utilizando monedas nacionales y sistemas de pago alternativos.

China, particularmente, ha avanzado en la internacionalización del yuan y en la expansión de su infraestructura financiera transfronteriza. El Atlantic Council destaca el crecimiento del sistema chino CIPS y de otras plataformas destinadas a facilitar operaciones internacionales fuera de los circuitos tradicionales dominados por Estados Unidos.

Pero existe un obstáculo considerable para que el yuan sustituya al dólar.

La moneda china continúa enfrentando restricciones derivadas del control de capitales y de la estructura financiera de China. Además, ningún rival posee simultáneamente la profundidad de los mercados estadounidenses, la liquidez del dólar y la extensa red de activos financieros denominados en esa moneda.

Por ello, el escenario más probable no necesariamente es un mundo dominado por el yuan.

Puede ser algo mucho más complejo.

Un mundo donde ninguna moneda tenga el monopolio financiero que actualmente posee el dólar.

La verdadera amenaza: la fragmentación

Ese escenario es precisamente el que preocupa a Dimon.

La pérdida del estatus de moneda de reserva no tendría que producirse mediante un acontecimiento repentino. Podría desarrollarse durante décadas a través de una sucesión de decisiones aparentemente pequeñas.

Un banco central reduce su exposición al dólar.

Otro incrementa sus reservas de oro.

Un país comienza a comerciar con su moneda nacional.

Una empresa utiliza una plataforma de pagos alternativa.

Dos economías acuerdan liquidar parte de su comercio bilateral sin utilizar dólares.

Individualmente, ninguno de estos movimientos representa una revolución.

Pero acumulados durante años pueden modificar profundamente la estructura del sistema financiero internacional.

¿Qué pasaría si el mundo se divide en bloques monetarios?

La advertencia más importante de Dimon no está relacionada únicamente con el valor del dólar.

Está relacionada con la fragmentación del sistema internacional.

Durante décadas, una parte considerable del comercio mundial ha funcionado alrededor de una arquitectura financiera relativamente centralizada: dólar estadounidense, mercados de capital estadounidenses, sistema bancario internacional conectado a instituciones occidentales y bonos del Tesoro como uno de los principales activos de reserva.

Un mundo fragmentado podría funcionar de manera diferente.

China podría profundizar el uso del yuan en Asia y entre sus socios comerciales.

Europa podría incrementar el papel internacional del euro.

Los BRICS podrían ampliar los mecanismos de liquidación en monedas nacionales.

Los bancos centrales podrían mantener mayores cantidades de oro.

Y Estados Unidos continuaría defendiendo la posición internacional del dólar.

El resultado sería un sistema monetario mucho más complejo.

El costo de un mundo financiero dividido

La fragmentación tendría consecuencias que irían mucho más allá de las reservas internacionales.

Las empresas enfrentarían mayores costos de cobertura cambiaria. Las transacciones internacionales podrían volverse más complejas. Los inversionistas tendrían que administrar un mayor número de monedas y riesgos regulatorios.

También podría aumentar la volatilidad de los mercados.

Actualmente, el predominio del dólar permite que una enorme cantidad de operaciones internacionales se realice alrededor de una moneda común. Si esa centralidad disminuye, el sistema tendría que compensar esa ausencia mediante una combinación de monedas, oro, activos financieros y nuevas infraestructuras de pago.

No necesariamente sería un colapso.

Pero sí sería un cambio estructural del capitalismo global.

El problema que Estados Unidos no puede ignorar

La advertencia de Dimon también coloca el foco sobre factores internos de Estados Unidos.

El poder monetario depende de la confianza.

Y esa confianza está relacionada con la estabilidad institucional, la capacidad productiva, la solvencia fiscal, la profundidad de los mercados financieros y la percepción internacional de que los activos estadounidenses continuarán siendo seguros y líquidos.

El propio Atlantic Council sostiene que el dominio del dólar permanece sólido en el corto y mediano plazo y que no existe actualmente un competidor capaz de reemplazarlo de manera inmediata. Sin embargo, también reconoce que una mayor inestabilidad podría incentivar a más países a reducir gradualmente sus posiciones en activos estadounidenses.

Ahí se encuentra el verdadero dilema.

Estados Unidos no necesita perder completamente su liderazgo para enfrentar un cambio histórico.

Le bastaría con que el mundo necesitara cada vez menos dólares.

El oro como síntoma, no como sustituto

El ascenso del oro tampoco significa que el metal vaya a convertirse en una nueva moneda mundial.

El BCE reconoce varias limitaciones: el oro no genera intereses, implica costos de almacenamiento, presenta volatilidad de precios y su oferta es relativamente inelástica.

Su importancia reside en otra característica.

Es un activo de reserva que no depende directamente de la solvencia de otro gobierno.

Por eso, su creciente participación puede interpretarse como una señal de precaución de los bancos centrales frente a un mundo donde los riesgos geopolíticos pesan cada vez más en las decisiones financieras.

¿Desdolarización o diversificación?

Esta distinción será fundamental durante los próximos años.

Hablar de «desdolarización» puede sugerir que existe una estrategia coordinada para eliminar al dólar del sistema internacional.

La realidad es más matizada.

Lo que muestran los datos es principalmente una diversificación de reservas y mecanismos de pago.

El dólar continúa siendo la principal moneda de reserva, continúa desempeñando un papel central en el comercio y mantiene una enorme influencia en los mercados internacionales.

Pero su participación relativa ha disminuido.

Y el hecho de que el oro haya superado a los bonos del Tesoro estadounidense como principal componente individual de los activos oficiales de reserva al cierre de 2025 constituye una señal que difícilmente puede ignorarse.

La advertencia de Dimon mira hacia 2050

La perspectiva planteada por Jamie Dimon no debe interpretarse como una fecha de caducidad del dólar.

No existe evidencia que permita afirmar que Estados Unidos perderá su moneda de reserva exactamente dentro de 25 años.

Su advertencia es, más bien, un escenario condicionado: si Estados Unidos deja de ser la principal potencia económica y militar, la posición internacional del dólar podría verse afectada.

La diferencia es importante.

El futuro monetario mundial no está predeterminado.

Dependerá de la evolución de la economía estadounidense, de su deuda pública, de la productividad, de la innovación tecnológica, de la estabilidad institucional y de su capacidad para mantener la confianza internacional.

También dependerá de lo que hagan China, Europa, India, los BRICS y otras economías emergentes.

El próximo orden financiero podría no tener un único ganador

La gran pregunta ya no es únicamente quién reemplazará al dólar.

La pregunta más profunda es si alguien realmente lo reemplazará.

El escenario que comienza a tomar forma podría ser diferente: un sistema financiero multipolar en el que el dólar continúe siendo la principal moneda, pero comparta espacio con el euro, el yuan, el oro y nuevos mecanismos de liquidación internacional.

Eso significaría el final de una etapa de hegemonía casi indiscutida, no necesariamente el final de la moneda estadounidense.

La advertencia de Dimon, por tanto, puede leerse menos como una profecía y más como una señal de alarma.

Estados Unidos todavía posee ventajas extraordinarias.

Pero la historia financiera demuestra que ninguna hegemonía es eterna.

Y mientras Washington defiende el papel internacional del dólar, los bancos centrales del mundo parecen estar enviando una señal cada vez más clara: la diversificación dejó de ser una estrategia marginal y se convirtió en una prioridad de largo plazo.

El verdadero desafío para Estados Unidos no será solamente impedir que otra moneda ocupe el lugar del dólar.

Será conservar las condiciones económicas, institucionales y geopolíticas que hicieron posible que el mundo confiara en él durante generaciones.

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