LOS PUEBLOS

Halconazo: 55 años de impunidad sangrienta

A cinco décadas y media de la masacre estudiantil, sobrevive la memoria contra quienes convirtieron al Estado en un aparato de terror.

Sangre en el asfalto: el día que el poder mexicano le declaró la guerra a su juventud

Han pasado 55 años, pero la herida no cicatriza. Aquel 10 de junio de 1971, el movimiento estudiantil mexicano recibió una estocada que no venía de un enemigo externo, sino del propio Estado. Los llamados Halcones —grupo paramilitar entrenado en la lógica del terror— sembraron de cadáveres la calle de San Cosme, en la Ciudad de México. No fue un arrebato de furia espontánea: fue un operativo orquestado desde las entrañas del poder priista, con manos que aún hoy mancillan de sangre cualquier intento de reescribir la historia.

La CIA y la orden de silenciar el socialismo

Documentos desclasificados y testimonios de sobrevivientes coinciden en un punto escalofriante: los primeros empleados de la CIA en México tenían una directriz clara —que en territorio nacional no se hablara de socialismo. No importaban los medios. La guerra sucia latinoamericana encontró en el PRI de Luis Echeverría a un socio cómplice y ejecutor. Los Halcones, muchos de ellos policías y exmilitares encubiertos, actuaron con rutas de fuga, listas de objetivos y refugios oficiales. El saldo oficial: más de 120 estudiantes muertos. El real: cientos de desaparecidos, torturados y exiliados.

El fascismo de traje y corbata

Prohibido olvidar la naturaleza fascista del PRI. No se trataba de un autoritarismo pintoresco o de “excesos” aislados. El Halconazo fue la puesta en escena de un método: infundir terror para neutralizar cualquier disidencia. A 55 años de distancia, el mensaje sigue vigente. No es nostalgia, es advertencia. Desde estas líneas hacemos conciencia para que nunca vuelvan al poder aquellos que con sus manos mancillaron de sangre a México. Porque el Halconazo no fue un error —fue política de Estado. Y olvidarlo es permitir que los mismos tentáculos, ahora disfrazados de nueva derecha o de autoritarismo renovado, intenten repetir la historia.

Memoria contra el olvido

Hoy, las generaciones que no mancharon sus manos levantan placas, marchan cada 10 de junio y exigen justicia. No se trata de revancha, sino de verdad. Mientras haya un solo expediente sin abrir, una fosa común sin identificar o un Halcón en el retiro dorado, la herida seguirá abierta. Por eso el grito no cesa: Prohibido olvidar. Porque el fascismo no siempre usa botas negras; a veces, usa corbata y se sienta en la silla presidencial.

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