Arabia Saudita y hutíes reavivan la guerra en Yemen
Misiles y bloqueo naval en el estrecho de Bab el-Mandeb: el «ojo por ojo» que amenaza con incendiar las rutas energéticas globales.
Fin de la tregua: golpes cruzados en el corazón de la península arábiga
La relativa calma que había prevalecido desde 2022 entre Arabia Saudita y los rebeldes hutíes de Yemen se ha quebrado con estrépito. Lo que comenzó como un intercambio de acusaciones por el control del espacio aéreo yemení ha derivado en una escalada militar que ya suma ataques aéreos, lanzamientos de misiles y un bloqueo naval que pone en jaque una de las rutas comerciales más vitales del planeta.
La madrugada del sábado, la coalición liderada por Riad bombardearon posiciones hutíes en la ciudad portuaria de Hodeida, así como en la isla de Kamaran, según denunció el movimiento yemení. Los hutíes reportaron daños en instalaciones de telecomunicaciones y una mujer herida. Arabia Saudita justificó la operación como una respuesta proporcional contra objetivos militares vinculados a amenazas contra barcos comerciales en el mar Rojo.
El portavoz militar hutí, Yahya Saree, confirmó los bombardeos y advirtió que la respuesta no se haría esperar. Y así fue: minutos después, misiles balísticos, de crucero y drones impactaron contra instalaciones de Saudi Aramco en Jizán y Yanbu, así como contra la base aérea Rey Khalid. Las explosiones causaron daños materiales y cortes de suministro eléctrico en algunas zonas del reino saudita.
«Bloqueo por bloqueo»: la estrategia de presión sobre el reino saudita
El portavoz militar hutí fue contundente al afirmar que sus fuerzas están preparadas para intensificar las acciones bajo la lógica de «bloqueo por bloqueo» y «escalada por escalada». Esta retórica no es casual: responde directamente al anuncio de un embargo naval hutí contra Arabia Saudita, que entró en vigor el lunes 20 de julio.
El movimiento yemení declaró el cierre del estrecho de Bab el-Mandeb a las embarcaciones sauditas, una vía marítima estratégica que separa Yemen de Yibuti y Eritrea y conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Con esta acción, los hutíes buscan replicar el asedio que Riad mantiene sobre las zonas bajo su control, incluyendo el bloqueo aéreo y las restricciones al puerto de Hodeida.
La decisión representa un salto cualitativo en el conflicto. No es la primera vez que los hutíes interrumpen el tráfico en esta ruta —ya lo hicieron durante la guerra de Gaza entre finales de 2023 y 2025—, pero en esta ocasión el blanco es directo y explícito contra el gigante petrolero saudita en un momento de máxima tensión regional.
Bab el-Mandeb: el cuello de botella del comercio energético mundial
La relevancia del estrecho de Bab el-Mandeb trasciende lo local. Por esta angosta vía transita aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial y el 30% del petróleo que se transporta por mar. Es la puerta de entrada al canal de Suez y el enlace indispensable entre el océano Índico y el Mediterráneo.
Para Arabia Saudita, esta ruta se ha vuelto estratégica desde el cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán. El reino desvió sus exportaciones de crudo hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, enviando millones de barriles diarios a través del oleoducto East-West desde sus yacimientos orientales. De hecho, en el último mes las exportaciones sauditas por esta vía alcanzaron un récord de 4,19 millones de barriles diarios.
Un bloqueo prolongado en Bab el-Mandeb obligaría a las navieras a rodear el continente africano, con un incremento de costes estimado en un millón de dólares por buque y retrasos de diez días en las entregas. Esto agravaría la crisis energética global, que ya enfrenta precios del Brent por encima de los 100 dólares el barril debido al conflicto en el Golfo Pérsico.
Un conflicto que trasciende la guerra civil yemení
El escenario actual trasciende el conflicto interno yemení. Los hutíes, respaldados por Irán, operan como una pieza del llamado «Eje de la Resistencia», la coalición proiraní que también incluye a Hamás y Hezbolá. Teherán, que ya ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz, busca ahora extender la presión sobre los aliados regionales de Washington.
Irán no es un actor pasivo en esta escalada. Expertos consultados coinciden en que los hutíes están actuando bajo las órdenes de la República Islámica para involucrar a los sauditas en el conflicto y forzar una respuesta militar que abra nuevos frentes en Oriente Próximo. Esta estrategia busca «hacer sufrir a los aliados regionales de Estados Unidos», en palabras de analistas del centro de estudios Chatham House.
La complejidad geopolítica se completa con la presencia militar estadounidense en el mar Rojo. Washington ya ha liderado coaliciones para proteger el tráfico marítimo en el pasado, pero la actual escalada añade una capa de peligro: cualquier incidente podría arrastrar a las potencias globales al conflicto directo.
Consecuencias humanitarias y económicas
La escalada tiene un coste humano inmediato. La guerra en Yemen ya ha dejado más de 150.000 muertos y una de las peores crisis humanitarias del mundo, con más de 22 millones de personas necesitadas de ayuda. El puerto de Hodeida, uno de los blancos del ataque saudita, es la principal vía de entrada de alimentos y suministros a las zonas controladas por los hutíes. Su bloqueo o daño agravaría aún más la situación.
El impacto económico, por su parte, se extiende a nivel global. Una interrupción sostenida del tráfico en Bab el-Mandeb tendría efectos similares al bloqueo del Canal de Suez en 2021, cuando el encallamiento del Ever Given provocó cuellos de botella en las cadenas de suministro globales, incrementando costes y retrasando entregas. Pero el contexto actual es mucho más grave: no se trata de un accidente, sino de un embargo militar deliberado.
Perspectivas: ¿hacia una guerra abierta?
La escalada entre Arabia Saudita y los hutíes abre interrogantes sobre el futuro de la región. El conflicto en Yemen, que comenzó en 2014 con el derrocamiento del gobierno de Saná, ha conocido múltiples altos el fuego, pero ninguno ha logrado una paz duradera. El actual intercambio de golpes sugiere que ambas partes están dispuestas a ir más allá de las hostilidades limitadas.
Por un lado, Arabia Saudita ha prometido «tomar todas las medidas necesarias para proteger sus buques de conformidad con el derecho internacional». Por otro, los hutíes advierten con intensificar sus operaciones militares si continúan los ataques contra territorio yemení. La lógica del «ojo por ojo» parece haber reemplazado cualquier atisbo de diálogo.
El tablero regional sigue en movimiento. Lo que está en juego no es solo el destino de Yemen o la seguridad de Arabia Saudita, sino la estabilidad de las rutas energéticas globales y el equilibrio de poder en un Oriente Medio ya profundamente fracturado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán.

