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«Pueblo unido: Irán entierra a su ayatolá»

Millones de personas y delegaciones de más de 30 países, entre ellos Rusia y China, acompañan al líder espiritual en una ceremonia que se extiende por seis días y que busca mostrar la fortaleza de la República Islámica tras la guerra con Estados Unidos e Israel.

La capital de la República Islámica se ha transformado en el escenario de un evento sin precedentes desde la Revolución de 1979. Las calles de la ciudad, engalanadas con banderas negras y pancartas que muestran un puño cerrado, son testigos de una de las mayores concentraciones humanas de la historia moderna. Millones de personas han llegado a Teherán para rendir su último adiós al ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo fallecido a los 86 años a causa de un ataque aéreo combinado de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero .

Lo que comenzó como el funeral de un líder se ha convertido en un poderoso símbolo de resistencia nacional y un desafío directo a la comunidad internacional, especialmente a los países occidentales que apoyaron la ofensiva militar . Las ceremonias, que se extenderán hasta el próximo 9 de julio, no solo buscan honrar la memoria de Jamenei, sino también proyectar una imagen de unidad y poderío ante los enemigos de la nación .

Una movilización colosal y un mensaje político

Desde el viernes, la capital se ha visto desbordada por una marea humana. Las autoridades iraníes estiman que entre 15 y 20 millones de personas podrían participar en los distintos actos fúnebres, que recorrerán ciudades como Teherán, la ciudad santa de Qom y lugares sagrados en el vecino Irak, antes del entierro definitivo en Mashhad, ciudad natal del ayatolá .

Para gestionar esta movilización, el gobierno ha implementado un operativo logístico de proporciones épicas. Se han desplegado más de 2.500 ambulancias y 21 helicópteros, se ha prohibido el tráfico privado en el centro de la ciudad y se han habilitado cientos de estacionamientos. La milicia paramilitar Basij ha anunciado que se hornearán cincuenta millones de panes para alimentar a los dolientes, quienes, bajo el abrasador sol de julio, reciben aspersores de agua instalados en las plazas .

La elección de las fechas no es casualidad. Las ceremonias coinciden con el mes islámico de Muharram, un período de luto profundo para el chiismo que conmemora el martirio del Imam Hussein. Esta coincidencia, sumada a la muerte de Jamenei a manos de lo que el régimen considera «enemigos de la fe», ha teñido el evento de un fuerte simbolismo religioso y político, presentando al líder fallecido como un mártir más de la tradición chiita .

Llegada de delegaciones internacionales: un respaldo estratégico

El carácter internacional del evento ha sido otro de los aspectos más destacados. Al funeral han acudido delegaciones de más de 30 países, incluyendo figuras de alto nivel de Rusia, China, Pakistán, Irak y Turquía . La presencia de potencias como Rusia y China, países que mantienen una relación estratégica con Irán, subraya el respaldo a la República Islámica en un momento de alta tensión global.

El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, encabezó la delegación rusa como enviado especial del presidente Vladimir Putin. Tras rendir homenaje ante el féretro, Medvédev pronunció unas palabras que resonaron con fuerza entre la multitud: «Este dolor ha unido al pueblo iraní, que no cedió ante la presión organizada por EE.UU. y otros países que se sumaron. Resistió en esta lucha y, estoy seguro, al final vencerá» . Sus declaraciones, difundidas por los medios estatales, se han convertido en uno de los lemas del duelo.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, por su parte, emitió un comunicado en el que agradece a las naciones presentes por apoyar «la verdad y la justicia». La cancillería subrayó que la masiva participación, tanto de iraníes como de delegaciones extranjeras, «ha mostrado una vez más al mundo la grandeza de Irán, el esplendor de su poder y su autoridad nacional» .

Un futuro incierto y la ausencia del sucesor

Mientras el país se une en duelo, las miradas se dirigen hacia el futuro. La guerra y el asesinato de Jamenei han dejado un vacío de poder que aún no se ha resuelto del todo. La gran ausencia en el funeral es la de su hijo y sucesor designado, Mojtaba Jamenei, quien resultó gravemente herido en el ataque de febrero y no ha aparecido en público desde entonces, aduciendo razones de seguridad .

Su ausencia genera incertidumbre sobre el futuro liderazgo de la República Islámica en un momento crítico, mientras se enfrenta a un frágil alto el fuego y a las secuelas de una guerra devastadora . El régimen, sin embargo, busca mostrar una imagen de continuidad, inmortalizando a su líder caído como un símbolo de resiliencia para las futuras generaciones. «Este dolor ha unido al pueblo de Irán», repiten las consignas oficiales, una declaración que busca convertirse en el pilar de la nueva etapa que se abre para el país persa.

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