ECONOMIA Y FINANZASINTERNACIONAL

Trump busca potasa bielorrusa y presiona a Canadá

Washington negocia una compra masiva a Minsk que abarataría costos agrícolas mientras la disputa comercial con Ottawa se profundiza.

Estados Unidos avanza en una negociación de gran escala para importar potasa bielorrusa, un movimiento que reconfigura el mapa de proveedores agrícolas justo cuando la relación comercial con Canadá atraviesa su momento más tenso en años.

Un anuncio con impacto directo en el campo

El presidente Donald Trump confirmó este lunes que su administración trabaja en lo que calificó como un «acuerdo masivo» para adquirir potasa —insumo esencial en la fabricación de fertilizantes— directamente de Bielorrusia. Según el mandatario, el nuevo esquema permitiría a Washington pagar un precio considerablemente más bajo que el actual, fijado por proveedores canadienses.

El propio Trump difundió la noticia a través de su red social Truth Social, donde subrayó que la medida representaría un alivio económico directo para productores agropecuarios estadounidenses, un sector que ha absorbido buena parte del impacto de las tensiones comerciales con su vecino del norte.

El deshielo diplomático con Minsk

El giro hacia Bielorrusia no ocurre de manera aislada. La semana pasada, Estados Unidos retiró de su lista de sanciones a dos compañías bielorrusas, Lakokraska y Bellesbumprom, como parte de un entendimiento preliminar alcanzado el 16 de septiembre entre ambos gobiernos. Ese acuerdo contempla, además del levantamiento gradual de restricciones económicas, la liberación de 25 personas por parte de las autoridades bielorrusas.

Este acercamiento se suma a un proceso que ya había comenzado meses atrás: en marzo, el enviado especial estadounidense John Coale anunció el retiro de sanciones contra la Compañía Bielorrusa de Potasa y Belaruskali, dos de los mayores productores mundiales del mineral, allanando el camino para transacciones comerciales de mayor envergadura.

Canadá, en el centro de la disputa

El momento elegido para el anuncio no es casual. Estados Unidos y Canadá atraviesan una guerra comercial abierta desde el colapso de sus negociaciones bilaterales el mes pasado. Trump ha llegado incluso a sugerir públicamente que Canadá se convierta en el estado número 51 de la Unión.

La escalada tiene antecedentes concretos: Washington impuso aranceles del 50% a productos canadienses, a lo que Ottawa respondió con gravámenes de represalia sobre exportaciones estadounidenses valuadas en 20.000 millones de dólares. El deterioro de la relación bilateral ha generado, además, un creciente movimiento ciudadano en Canadá que impulsa el boicot a productos de origen estadounidense en favor del consumo local.

Un mensaje con doble lectura

Para analistas del comercio internacional, el eventual acuerdo con Bielorrusia funciona también como una señal de presión hacia Ottawa: al diversificar sus fuentes de potasa, Washington reduce su dependencia del mercado canadiense —hasta ahora uno de los principales proveedores mundiales— en un momento en que ambos países negocian, o más bien no negocian, los términos de su relación comercial futura.

Resta por conocerse el alcance final del acuerdo con Minsk, así como su impacto en los precios internos de fertilizantes y en la balanza comercial entre Estados Unidos y Canadá en los próximos meses.

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