ECONOMIA Y FINANZASINTERNACIONAL

EE.UU. supera los 40 billones de dólares en deuda

El Tesoro confirma que casi el 80% de la deuda está en manos de inversores públicos, con Japón, Reino Unido y China como principales acreedores extranjeros.

La contabilidad fiscal de Washington acaba de cruzar una línea que hace apenas una década parecía inalcanzable. Según cifras oficiales del Departamento del Tesoro correspondientes a agosto, la deuda nacional de Estados Unidos rebasó por primera vez la barrera de los 40 billones de dólares, un hito que confirma la trayectoria ascendente del endeudamiento federal y que reaviva el debate sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas del país.

Una deuda repartida en dos bolsillos

No toda la deuda estadounidense responde a la misma lógica. El propio Tesoro distingue entre dos grandes categorías. La primera, que concentra alrededor del 80% del total, es la llamada deuda en manos del público: bonos, letras y otros instrumentos que compran inversores tanto dentro como fuera de Estados Unidos, desde fondos de pensiones hasta bancos centrales extranjeros. La segunda categoría, que representa el 20% restante, corresponde a la deuda intragubernamental, es decir, los préstamos que distintas agencias y fondos fiduciarios del propio Gobierno federal —como el de la Seguridad Social— mantienen entre sí.

El origen del desequilibrio: gastar más de lo que se recauda

Detrás de la cifra hay una dinámica que se repite ejercicio tras ejercicio: el Gobierno de Estados Unidos lleva años desembolsando más recursos de los que ingresa por la vía impositiva. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) proyecta que el déficit del actual ejercicio fiscal alcanzará los 2,1 billones de dólares, una cifra que supera en unos 200.000 millones de dólares la estimación que el propio organismo había manejado en febrero. Ese desfase entre gasto e ingresos es, en esencia, el motor que alimenta cada año el crecimiento de la deuda acumulada.

¿Quién presta el dinero a Washington?

Buena parte de la conversación pública sobre la deuda estadounidense gira en torno a quiénes son sus acreedores. De acuerdo con los datos más recientes disponibles, correspondientes a junio de 2026, Japón encabeza el listado de los veinte principales tenedores extranjeros de bonos del Tesoro, con 1,1 billones de dólares en su poder. Le sigue el Reino Unido, con 940.000 millones de dólares, y en tercer lugar aparece China, con 633.000 millones de dólares.

La posición china llama especialmente la atención por su evolución. Pekín llegó a ser el principal acreedor extranjero de Estados Unidos entre 2013 y 2014, pero desde entonces ha reducido de forma sostenida su exposición a la deuda estadounidense, hasta el punto de que sus tenencias actuales equivalen a apenas la mitad de aquellos niveles históricos.

Bélgica y Canadá completan el podio de los grandes tenedores

Más abajo en la clasificación aparece un nombre que suele sorprender por el tamaño de su economía: Bélgica, con 483.000 millones de dólares en bonos estadounidenses, ocupa la cuarta posición. Su peso desproporcionado se explica, según el análisis de Visual Capitalist, por el papel del país como plaza financiera clave para la custodia internacional de valores, más que por una tenencia directa de inversores belgas.

En el quinto puesto se sitúa Canadá, con 460.000 millones de dólares. Su presencia en el listado adquiere un matiz particular en el contexto actual, marcado por una fase de fricción comercial intensa entre Ottawa y Washington, lo que subraya cómo las relaciones financieras entre ambos países se mantienen estrechamente entrelazadas pese a las tensiones arancelarias.

Un umbral simbólico, pero también estructural

Superar los 40 billones de dólares no altera de un día para otro la capacidad de pago de Estados Unidos, pero sí funciona como un recordatorio de que el ritmo de acumulación de deuda no muestra señales de freno. Con déficits anuales que se cuentan en billones y un servicio de la deuda que crece a medida que se emiten nuevos bonos, la trayectoria fiscal del país seguirá siendo, previsiblemente, uno de los asuntos centrales del debate económico en Washington durante los próximos ejercicios.

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