México sortea arancel de EE.UU. y se afianza en T-MEC
Ebrard detalla que el 80% de las exportaciones queda fuera de la nueva tasa; el 10% restante ya pagaba el gravamen global desde febrero pasado.
El blindaje mexicano ante la nueva presión arancelaria de Washington
La pulseada comercial entre Estados Unidos y sus socios continentales vuelve a escenificar un capítulo de desgaste, pero esta vez con un desenlace que, desde la óptica oficial mexicana, deja al país prácticamente inmune. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, salió al paso este lunes con un mensaje en redes sociales que buscó despejar cualquier sombra de incertidumbre: los nuevos aranceles anunciados por la Casa Blanca no alteran el grueso de la exportación nacional, gracias al paraguas del T-MEC.
La declaración del funcionario llega en un momento de alta sensibilidad, apenas horas después de que la Corte Suprema de Estados Unidos declarara ilegales la mayoría de los gravámenes que Donald Trump impuso en 2025. Aquella decisión judicial forzó al Ejecutivo estadounidense a reformular su estrategia, y el resultado fue una orden ejecutiva que, bajo el argumento de combatir el trabajo forzoso, reintroduce un arancel del 10% para ciertos productos. Sin embargo, Ebrard fue contundente al señalar que, para México, el cambio es más de forma que de fondo.
El T-MEC como escudo: más del 80% de exportaciones a salvo
«Quedan excluidas todas las exportaciones de México que cumplen con el Tratado de Libre Comercio –más del 80%–, no hay cambio en eso», enfatizó Ebrard en el video difundido en su cuenta de X. El mensaje no pudo ser más claro: la región de Norteamérica sigue operando bajo las reglas de origen y preferencias arancelarias que el pacto trilateral establece, y ese andamiaje legal prevalece por encima de cualquier disposición ejecutiva unilateral.
El funcionario detalló que, tras una revisión exhaustiva del alcance de la medida, la conclusión es que la gran mayoría de los flujos comerciales mexicanos hacia el vecino del norte continúan transitando por el carril preferencial. Esto significa que sectores clave –automotriz, electrónico, agroindustrial y de maquinaria pesada, entre otros– mantienen sus condiciones vigentes, sin que el nuevo gravamen les afecte en un solo punto porcentual.
El 10% remanente: lo viejo con nuevo nombre
Donde sí podría haber movimiento es en el segmento menor, aquel que representa menos del 20% de las exportaciones y que no cumple con las estrictas reglas de origen del T-MEC. Pero incluso ahí, Ebrard fue taxativo: ese 10% ya estaba siendo gravado desde febrero pasado con la tarifa global que Trump anunció en su momento, y lo que hace la nueva orden es simplemente cambiar la justificación legal, no el impacto económico.
«Es lo mismo que teníamos, solamente que cambia de fundamento. Ese 10% ya lo teníamos para lo que no cumple las disposiciones o reglas de origen del Tratado», aseveró el secretario. En otras palabras, la administración republicana ha vestido un arancel preexistente con un ropaje distinto –ahora la lucha contra el trabajo forzoso–, pero la factura que pagan los exportadores mexicanos no se incrementa ni un centavo.
El propio Ebrard reconoció que la publicación de la medida este 23 de junio no fue casualidad: «mañana vence el plazo» legal que tenía Washington para instrumentar el arancel del 10%, lo que explica el apresuramiento en el anuncio. Una carrera contra el reloj que, sin embargo, no altera el saldo final para México.
Reunión de alto nivel y revisión anual del T-MEC
La tranquilidad mostrada por el titular de Economía no surge del vacío. Ebrard reveló que tanto él como la presidenta Claudia Sheinbaum fueron notificados oficialmente del nuevo arancel por el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, en el marco de una reunión que los tres sostuvieron para abordar la revisión anual del T-MEC. Ese encuentro, que se da en un clima de cooperación técnica y política, sirvió de canal directo para aclarar los alcances de la orden ejecutiva y confirmar que el tratado sigue siendo el eje rector.
La revisión periódica del pacto –un mecanismo que permite ajustar interpretaciones y resolver controversias sin reabrir el texto completo– cobra ahora una relevancia estratégica mayor. Fuentes cercanas a la negociación señalaron que la administración mexicana ha priorizado mantener canales fluidos con sus contrapartes estadounidenses y canadienses, precisamente para evitar sobresaltos como el de los aranceles de 2025, que terminaron siendo tumbados por el Poder Judicial.
Un panorama sin sobresaltos, pero con vigilancia activa
Aunque el discurso oficial es de calma, el equipo económico de Sheinbaum no baja la guardia. Ebrard insistió en que el monitoreo será permanente, sobre todo porque la nueva fundamentación basada en trabajo forzoso abre una puerta a futuras interpretaciones discrecionales. No obstante, en la práctica, el 80% de la canasta exportadora sigue a salvo, y el resto ya pagaba el peaje.
Para los analistas comerciales, el mensaje de Ebrard cumple con dos objetivos: tranquilizar a los mercados y a los inversionistas, y recordar a Washington que México no es un blanco fácil cuando el T-MEC está de por medio. La diferencia, esta vez, es que el arancel ya venía con factura previa, y el cambio de etiqueta no modifica el monto en la caja registradora.
Mientras la Corte Suprema de EE.UU. sigue delineando los límites del poder ejecutivo en materia arancelaria, México se aferra a su tratado comercial como principal activo diplomático. Y por ahora, la ecuación parece rendir frutos: el ruido es mucho, pero el golpe, prácticamente nulo.

