LOS PUEBLOS

Bolivia: crisis total entre bloqueos e inflación

Protestas masivas, escasez de dólares y polarización política sumergen al país en su peor momento en décadas, con el fantasma de Evo Morales de fondo.

La Paz, mayo de 2026. Bolivia atraviesa horas decisivas. Lo que comenzó como un estallido por la falta de combustible y el encarecimiento de la canasta básica se ha convertido en una tormenta perfecta: protestas que no cesan, carreteras tomadas, un Ejecutivo acorralado y la reaparición del expresidente Evo Morales como factor de desestabilización o resistencia, según la mirada del observador.

El gobierno de Rodrigo Paz Pereira enfrenta la crisis más grave de su mandato. En apenas tres semanas, la tensión social escaló hasta niveles no vistos desde la crisis poselectoral de 2019, pero ahora con un ingrediente adicional: una economía exhausta, sin dólares, con reservas internacionales en mínimos históricos y una inflación que los analistas ya proyectan por encima del 20% anual.


Carreteras tomadas y ciudades sitiadas

Desde el altiplano hasta la llanura cruceña, los bloqueos carreteros se han multiplicado. Transportistas, mineros, campesinos y facciones indígenas afines al evismo cortaron el paso en al menos nueve puntos estratégicos del país. La ciudad de La Paz amaneció esta semana con accesos bloqueados hacia el aeropuerto internacional, mientras en Cochabamba y Santa Cruz se registraron escasez de alimentos y medicinas.

Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y detenciones. El saldo hasta el cierre de esta edición es de decenas de heridos y más de 200 personas aprehendidas. La Defensoría del Pueblo ha alertado sobre “uso desproporcionado de la fuerza” en varias regiones.


Economía al borde del colapso

La tormenta social golpea sobre una economía que ya venía tambaleándose. La escasez de dólares afecta a importadores y a la industria local; la falta de combustibles ha paralizado el transporte público y el agro; y el gas natural —antiguo pilar exportador— ha reducido sus ingresos a la mitad en dos años.

El Consejo Nacional de Comercio estima pérdidas diarias por más de 12 millones de dólares debido a los bloqueos. “No hay insumos, no hay repuestos, no hay divisas. Esto es un paro técnico generalizado”, declaró a este diario un dirigente fabril que pidió reserva de su nombre.

Mientras tanto, en los mercados populares, el precio del aceite, la harina y la carne se ha disparado. La inflación en abril fue del 4,7%, la más alta en quince años. Y mayo camina por la misma senda.


El fantasma de Evo Morales

El expresidente Evo Morales, desde su bastión en el trópico de Cochabamba, ha vuelto a ser el centro de la tormenta política. El gobierno de Paz Pereira lo acusa abiertamente de “financiar y radicalizar” los bloqueos. Morales responde: “Es el pueblo el que protesta contra un gobierno neoliberal que nos quiere hundir en el hambre”.

La fractura dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) es ahora una herida abierta. Mientras una facción respalda a Paz Pereira —heredero político del exmandatario Luis Arce—, la otra obedece a Morales y exige la renuncia del presidente y nuevas elecciones.

Los analistas coinciden en que Bolivia asiste a una reedición de la guerra interna por el control del aparato estatal y la narrativa del “proceso de cambio”.


Gobierno contra las cuerdas

Rodrigo Paz Pereira intentó frenar el desgaste con un cambio de gabinete y la promesa de un “Consejo Económico y Social” para dialogar con los sectores movilizados. También derogó una polémica ley agraria —la norma 1720— que organizaciones campesinas calificaban de “proagroindustrial”. Pero nada ha bastado.

La oposición parlamentaria, fragmentada, exige al presidente declarar estado de excepción o, por el contrario, renunciar. El mandatario, en un mensaje breve emitido la noche del martes, llamó a “la cordura” y advirtió que no tolerará “un golpe de Estado encubierto mediante bloqueos”.


Mirada regional y tensión diplomática

La crisis boliviana ya ha saltado las fronteras. El presidente colombiano Gustavo Petro se refirió esta semana a la situación en Bolivia como “preocupante”, lo que provocó un cruce de declaraciones con el canciller boliviano. Gobiernos de izquierda en la región observan con atención: temen que la implosión del MAS se convierta en un espejo para otras administraciones progresistas en dificultades.

La OEA y la Unión Europea pidieron “diálogo urgente” y advirtieron sobre el riesgo de una crisis humanitaria si los bloqueos se extienden.


Un país en vilo

Bolivia, acostumbrada a la convulsión, enfrenta ahora una ecuación de extrema complejidad: sin combustible, sin dólares, con calles tomadas, un gobierno débil y un caudillo en la sombra. El desenlace es incierto.

Lo único claro, por ahora, es que el tiempo se agota. Y cada día sin acuerdo profundiza el abismo entre una población harta, un Ejecutivo acorralado y una oposición que aún no encuentra su propia voz.

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