Putin reivindica legado soviético en Día de la Victoria
El mandatario ruso exaltó la memoria de la Segunda Guerra Mundial, respaldó la operación militar actual y agradeció el apoyo de aliados internacionales
El presidente de Vladimir Putin encabezó este 9 de mayo las ceremonias conmemorativas por el 81 aniversario de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi, en un acto cargado de simbolismo militar, mensajes de unidad nacional y respaldo a las fuerzas rusas desplegadas actualmente en el conflicto en Ucrania.
Desde la Plaza Roja de Moscú, el mandatario dirigió un mensaje a veteranos, militares y ciudadanos rusos, además de extender sus felicitaciones a pueblos de otras naciones que participaron en la derrota del nazismo durante la llamada Gran Guerra Patria. En su discurso, definió el Día de la Victoria como una fecha “sagrada y luminosa” para Rusia, vinculando el recuerdo histórico con el presente político y militar del país.
Putin sostuvo que Rusia mantiene intacto el deber de preservar la memoria de quienes combatieron durante la Segunda Guerra Mundial y afirmó que el sacrificio de millones de soviéticos continúa siendo un referente moral para las nuevas generaciones. Durante la ceremonia, el jefe del Kremlin rindió homenaje a soldados caídos, víctimas de los campos de concentración, civiles fallecidos durante el sitio de Leningrado y familias enteras devastadas por la guerra, antes de encabezar un minuto de silencio.
En uno de los momentos centrales del mensaje, el presidente ruso relacionó la victoria histórica sobre el nazismo con la actual operación militar rusa, asegurando que las tropas desplegadas enfrentan una amenaza respaldada por la OTAN. Afirmó que, pese al apoyo militar occidental hacia Ucrania, las fuerzas rusas continúan avanzando y destacó que el resultado de cualquier confrontación depende principalmente de la voluntad y cohesión del pueblo.
El mandatario también elogió el trabajo de obreros, ingenieros, científicos y diseñadores militares que desarrollan nuevas tecnologías de defensa para Rusia, señalando que el país mantiene capacidad para innovar en armamento y sistemas estratégicos aun en medio del conflicto prolongado.
Tras su intervención, se realizó el tradicional desfile militar en la Plaza Roja, aunque este año con ajustes derivados de la situación operativa. Participaron contingentes de academias y ramas de las Fuerzas Armadas rusas, mientras que algunas columnas de vehículos militares y estudiantes de colegios castrenses no fueron integradas al evento.
Durante la ceremonia se proyectaron imágenes de soldados rusos desplegados en zonas de combate, además de personal asignado a puestos estratégicos de las Fuerzas de Misiles Estratégicos, las Fuerzas Aeroespaciales y la Armada rusa. El acto también contó con la presencia de líderes y representantes extranjeros que acudieron a Moscú para las conmemoraciones oficiales.
Entre los asistentes estuvieron Alexander Lukashenko, el sultán Ibrahim Iskandar y el presidente de Laos, Thongloun Sisoulith, quienes acompañaron a Putin en la colocación de ofrendas florales ante la Tumba del Soldado Desconocido.
Uno de los episodios que generó mayor atención internacional fue el saludo de Putin a soldados de la Ejército Popular de Corea presentes en las ceremonias. El mandatario ruso estrechó la mano de elementos militares norcoreanos y conversó con el coronel Chae Yong-hun, comandante de la unidad de desfile de la RPDC. Moscú destacó nuevamente la participación de soldados coreanos en operaciones relacionadas con la región rusa de Kursk y reiteró su reconocimiento al “heroísmo” mostrado por efectivos aliados.
La conmemoración volvió a poner en el centro del discurso oficial ruso el peso histórico de la Unión Soviética en la derrota del nazismo. La URSS perdió más de 26 millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial y sufrió una devastación económica y social de enormes proporciones. Batallas como Moscú, Stalingrado y Kursk fueron determinantes para cambiar el rumbo del conflicto y conducir finalmente a la toma de Berlín en 1945.
En medio de un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y sanciones occidentales, el Kremlin utilizó la ceremonia para reforzar la narrativa de resistencia nacional, continuidad histórica y unidad frente a amenazas externas, vinculando el sacrificio soviético de hace ocho décadas con la política militar rusa contemporánea.

