INTERNACIONAL

Fracturas en la OTAN y auge de los BRICS tensan el orden global

La pugna por el nuevo orden mundial: BRICS contra la hegemonía atlántica

En un contexto de tensiones globales renovadas y bloques en pugna, la reciente cumbre de los BRICS celebrada en Río de Janeiro se convirtió en un foro para cuestionar abiertamente la hegemonía de Occidente y, en particular, la cohesión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Durante su intervención, el canciller ruso Serguéi Lavrov lanzó duras críticas contra la alianza atlántica, advirtiendo sobre una creciente «rebelión silenciosa» dentro del bloque y denunciando el uso de Rusia como “chivo expiatorio” para justificar una expansión militarista liderada por Estados Unidos.

Una OTAN dividida: tensiones internas y presión por armamento

La crítica de Lavrov no ocurre en el vacío. La OTAN, que ha sumado ya 32 miembros —muchos de ellos antiguos aliados soviéticos—, atraviesa uno de sus momentos más complejos desde la Guerra Fría. Una fuente de tensión actual es el reciente compromiso, promovido por Washington, de elevar el gasto militar de cada país miembro al 5% del PIB hacia el año 2035. Aunque esta decisión responde a la creciente rivalidad con Rusia y China, ha generado resistencias notables dentro de Europa Occidental.

En Berlín, París y Roma, líderes políticos y sectores económicos han expresado inquietud por el impacto financiero y social de destinar tal proporción del producto interno a armamento, especialmente en tiempos de desaceleración económica. El canciller alemán Olaf Scholz declaró recientemente que “no se puede sacrificar el bienestar europeo en nombre de una carrera armamentista permanente”.

Lavrov recogió estas señales de descontento y las calificó como una “ligera rebelión” dentro de la OTAN, en la que más países están empezando a privilegiar sus intereses nacionales sobre las directrices ideológicas impuestas desde Washington.

BRICS: expansión estratégica y una narrativa alternativa

Mientras la OTAN muestra fisuras, los BRICS —Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, junto a nuevos miembros como Arabia Saudita, Irán y Egipto— han consolidado su expansión como contrapeso. Con un PIB combinado que ya supera los 17 billones de dólares y el 42% de la población mundial, el bloque busca posicionarse como una alternativa al orden financiero y político liderado por Occidente.

Durante la cumbre en Río, los líderes del grupo hicieron un llamado a reducir la dependencia del dólar en el comercio internacional. Aunque no se formalizó la creación de una moneda común, se avanzó en mecanismos para el uso de divisas locales, lo que representa un desafío directo a la influencia estadounidense en los mercados globales.

“El BRICS no impone, construye consensos. No hay un ‘hermano mayor’ que dicte qué hacer. Aquí se respeta la soberanía y la diversidad”, afirmó Lavrov. La declaración resonó especialmente en naciones del Sur Global que han sido críticas de las sanciones unilaterales impuestas por EE.UU. y la Unión Europea.

El poder militar frente al poder de atracción

Pese al empuje económico y diplomático de los BRICS, el bloque no puede competir militarmente con la OTAN, que conserva una clara ventaja en tecnología, proyección global y presupuesto. No obstante, el atractivo de un modelo basado en el multilateralismo, la no intervención y el respeto a la soberanía ha encontrado eco en varios países en desarrollo.

Expertos internacionales observan un cambio paulatino en el equilibrio de poder: mientras la OTAN apuesta por consolidar su dominio mediante el rearme, los BRICS avanzan mediante la integración económica y diplomática. La batalla, sostienen, no es sólo por recursos o territorios, sino por las reglas que regirán el futuro internacional.

“Lo que está en juego es el alma del orden global”, opinó la analista geopolítica francesa Claire Delcourt. “¿Prevalecerá un sistema basado en la ley del más fuerte, o uno basado en el consenso entre iguales?”

Conclusión: dos visiones de mundo en colisión

La advertencia de Serguéi Lavrov no es una amenaza militar, sino un reflejo de un reacomodo mundial en curso. El viejo orden, sostenido por la hegemonía estadounidense y la fuerza de la OTAN, enfrenta cuestionamientos no sólo externos sino también internos. Al mismo tiempo, los BRICS no sólo desafían ese orden desde fuera, sino que proponen una arquitectura alternativa que seduce a un número creciente de países.

En este momento crucial, el mundo parece bifurcarse entre la confrontación y la cooperación, entre la centralización de poder y su redistribución. Lo que decidan los actores clave en los próximos años podría definir no sólo el futuro de las alianzas militares, sino la forma misma de gobernar el planeta.

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