Brasil aprueba la semana de cinco días a 11 de la segunda vuelta
El Senado respaldó casi por unanimidad el fin del esquema 6×1, una bandera de Lula que Flávio Bolsonaro terminó apoyando.
BRASILIA.- A once días del balotaje presidencial, el Senado de Brasil dio luz verde a una de las reformas laborales más significativas de las últimas décadas: la eliminación del esquema 6×1, que obligaba a muchos trabajadores a cumplir seis jornadas por cada día de descanso. La enmienda constitucional fue aprobada por 75 votos a favor y solo uno en contra.
Qué cambia para los trabajadores
El nuevo régimen establece cinco días de trabajo y dos de descanso garantizados. La jornada semanal máxima baja de 44 a 40 horas, y todo ello sin recortes salariales. En la práctica, millones de brasileños ganarán un día libre más cada semana.
La eliminación del esquema 6×1 fue una de las principales banderas de la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, su rival en la segunda vuelta, Flávio Bolsonaro, que durante meses puso reparos a la propuesta, también votó a favor, lo que lleva a varios analistas a matizar el peso que la medida tendrá en las urnas.
Un cambio con amplio respaldo social
La iniciativa goza de una aceptación mayoritaria. Una encuesta de Quaest publicada en julio reveló que el 69 % de los electores estaba a favor de poner fin al esquema 6×1, frente a un 22 % que se oponía.
Tras la aprobación, Lula celebró en sus redes sociales lo que calificó de “conquista histórica” de millones de trabajadores. “Quien trabaja tanto para construir Brasil también merece tener tiempo para vivir”, escribió el mandatario.
El tema ya había cobrado un fuerte componente electoral. El presidente convirtió la reducción de la jornada en un eje de su discurso y retó públicamente a Flávio Bolsonaro a definir cómo votaría y qué instrucciones daría a los legisladores del Partido Liberal (PL).
El giro de Flávio Bolsonaro
El candidato opositor había adoptado inicialmente una postura crítica. Acusó a Lula de “oportunista” por colocar el debate en plena campaña y propuso como alternativa un modelo flexible, con pago por horas trabajadas y condiciones acordadas entre empleador y empleado.
Este martes, no obstante, cambió de posición y anunció que respaldaría la reforma. Tras visitar a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria, justificó el viraje asegurando que se trata de lo que “la mayoría de los trabajadores brasileños quiere”.
Lula ironiza y la campaña se reajusta
El mandatario no desaprovechó la ocasión para burlarse del cambio de postura de su adversario. “A veces me pongo a pensar: si todo el mal que le cause a este país es hacer que la derecha avance y atienda los intereses del pueblo brasileño, voy a seguir haciéndolo”, declaró.
Rick Azevedo, diputado electo y principal impulsor del movimiento contra el 6×1, considera que la aprobación puede alterar el desenlace de unos comicios cuya primera vuelta ganó Flávio Bolsonaro.
Una lectura similar ofrece Victor Escobar, investigador de la Universidad Federal de Río de Janeiro, para quien la medida puede beneficiar la candidatura a la reelección. “Influirá en cómo se sienten los votantes en lo económico a la hora de votar; pueden sentirse más aliviados con un cambio en su horario de trabajo”, sostuvo.
Por su parte, el analista político Rafael Cortez, en un análisis para CNN Brasil, apunta que el oficialismo puede articular su estrategia en torno a los supuestos riesgos que correrían los programas sociales bajo un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro. Los derechos laborales, subraya, encajan de forma natural en ese discurso.
¿Un efecto limitado?
Al sumarse a la reforma, Flávio Bolsonaro evitó que Lula pudiera retratarlo como un opositor a una medida con respaldo mayoritario. Según Cortez, se trató de un cálculo político: su voto busca transmitir al electorado que no representa una amenaza para las conquistas laborales.
El analista admite que la enmienda ofrece al presidente una agenda más favorable, pero advierte que el escaso margen de votantes indecisos dificulta traducir esa ventaja en sufragios adicionales.
En la misma línea se pronunció Caio Junqueira, también analista de CNN Brasil: “Es una agenda positiva, pero no es una bala de plata”. En su opinión, el fin del 6×1 beneficia sobre todo a quienes ya apoyan a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT), de modo que los debates televisivos podrían ser el verdadero punto de inflexión para el electorado.

