«Israel se arma ante el temor a una guerra abierta con Irán»
Fuentes de seguridad israelíes advierten que la crisis con Teherán atraviesa su fase más delicada, mientras Washington evalúa sus opciones y el diálogo permanece congelado
Israel ha comenzado a adoptar medidas de contingencia ante la posibilidad de que el pulso diplomático entre Estados Unidos e Irán derive en un enfrentamiento militar abierto. La decisión responde al clima de máxima tensión que se vive tras semanas de amenazas cruzadas entre el presidente Donald Trump y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, un intercambio verbal que, según analistas de la región, podría estar acercando a ambas potencias a un punto sin retorno.
Alerta máxima en el estamento de seguridad
De acuerdo con información difundida por el canal israelí 12, los altos mandos de seguridad del país describen el momento actual como uno de los de mayor tensión registrados en la disputa con la República Islámica. Pese a que, según estas mismas fuentes, existen gestiones discretas orientadas a reactivar algún tipo de negociación, el temor generalizado es que, de fracasar dichos acercamientos, el escenario podría deteriorarse con extrema rapidez.
Un funcionario de seguridad citado por el medio resumió el ambiente imperante con crudeza: la coyuntura es «sensible y volátil», sin que exista certeza sobre su desenlace. A su juicio, Teherán no muestra señales de apertura hacia una solución negociada, lo que deja abierta la puerta a que «las cosas se salgan de control».
El temor a un golpe preventivo iraní
Entre los escenarios que más preocupan a los servicios de inteligencia israelíes figura la posibilidad de que Irán, ante la falta de avances o ante la sospecha de estar siendo objeto de maniobras dilatorias, decida adelantarse y lanzar un ataque de carácter preventivo. Según esta hipótesis, el primer blanco serían instalaciones o intereses estadounidenses en Oriente Medio, para extenderse después hacia territorio israelí.
Frente a esta eventualidad, la cúpula castrense de Israel ya contempla un despliegue de gran envergadura, con un nivel de alerta reforzado tanto en el plano defensivo como en la capacidad ofensiva, todo ello en estrecha coordinación con las fuerzas estadounidenses desplegadas en la zona.
Teherán fija condiciones y endurece su postura
El trasfondo de esta escalada se enmarca en una serie de movimientos recientes por parte de Irán, que ha optado por marcar líneas rojas antes de aceptar cualquier tipo de diálogo. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaei, confirmó que su país trasladó a Washington un pliego de siete condiciones como requisito previo para sentarse a negociar. Entre ellas destacan el cese de las hostilidades en todos los frentes, la liberación de fondos iraníes congelados en el exterior, el fin del bloqueo naval impuesto a sus costas y garantías de no injerencia en sus asuntos internos. Según Rezaei, el mensaje fue canalizado a través de Catar como intermediario, a la espera de una respuesta oficial de la administración Trump.
En esa misma línea de firmeza, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ratificó que su país no permitirá la reapertura del estrecho de Ormuz —una de las rutas energéticas más estratégicas del planeta— mientras Washington no acceda a las exigencias planteadas y honre los compromisos asumidos previamente.
Trump habla de «decisiones» mientras no descarta un encuentro
Desde la Casa Blanca, el propio Trump reconoció encontrarse en lo que definió como una «fase de toma de decisiones» respecto a Irán, y resumió el abanico de posibilidades sobre la mesa en tres vías: forzar el colapso económico del país persa, alcanzar algún tipo de acuerdo o, en el extremo más drástico, una acción de aniquilación. Pese a la dureza de ese planteamiento, el mandatario dejó una puerta entreabierta al indicar que estaría dispuesto a reunirse con su homólogo iraní, Masud Pezeshkian, aprovechando la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebra esta semana en Nueva York.
Un tablero regional cada vez más tenso
La combinación de un Israel en estado de alerta reforzada, una Casa Blanca que no descarta ninguna opción y un Irán que endurece su discurso configura un escenario de incertidumbre creciente en Oriente Medio. Mientras los canales diplomáticos siguen abiertos —aunque de forma limitada—, la posibilidad de un error de cálculo o una acción unilateral mantiene en vilo tanto a los gobiernos de la región como a la comunidad internacional, que observa con preocupación cómo se estrecha el margen para una salida negociada.

