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EE.UU. redobla presión sobre México por narco

Washington advierte que actuará con «todas las herramientas» contra los cárteles y sus cómplices, mientras exige a México medidas adicionales.

La embajada de Estados Unidos en México lanzó este jueves un mensaje contundente: la administración de Donald Trump no dará tregua en su ofensiva contra el crimen organizado y perseguirá también a quienes brinden respaldo a las organizaciones criminales, ya sea dentro o fuera del territorio mexicano.

Un mensaje directo desde la sede diplomática

A través de un comunicado, la representación estadounidense subrayó que su gobierno recurrirá a todos los mecanismos legales y operativos a su disposición para golpear a los cárteles, al tiempo que buscará responsabilizar a quienes los sostengan de cualquier forma. La embajada insistió en que la cooperación bilateral en materia de seguridad continuará, pero dejó una frase que funciona como advertencia explícita: brindar respaldo a organizaciones catalogadas como narcoterroristas conlleva consecuencias.

El pronunciamiento no llegó de manera aislada. Horas antes trascendió que las autoridades estadounidenses presentaron cargos judiciales contra un hombre de nacionalidad mexicana que residía de forma irregular en suelo estadounidense, señalado de ofrecer apoyo material al Cártel del Golfo, agrupación incluida en la lista de organizaciones terroristas designadas por Washington.

La lista de países y las nuevas exigencias a México

El comunicado de la embajada se suma a otro movimiento reciente del gobierno estadounidense: el envío al Congreso de la actualización anual sobre las naciones consideradas relevantes en la producción o el tránsito de estupefacientes hacia territorio estadounidense.

En ese documento, la Casa Blanca reconoció avances concretos por parte de México, entre ellos un incremento en los decomisos de droga, la destrucción de laboratorios clandestinos dedicados a la fabricación de narcóticos sintéticos y la captura o muerte de varios líderes de estructuras criminales. No obstante, el balance de Washington fue tajante: esos resultados no bastan.

El texto reclama a las autoridades mexicanas «medidas adicionales» frente a los grupos que el gobierno estadounidense define como organizaciones narcoterroristas, y plantea además la necesidad de que México eleve su gasto e inversión en cuerpos de seguridad, tanto a nivel federal como local, para sostener y ampliar las capacidades operativas actuales.

El punto más sensible: la corrupción oficial

Quizás el señalamiento de mayor carga política dentro del documento estadounidense sea el que apunta directamente al aparato de gobierno mexicano. Washington exige identificar, detener y llevar a juicio a servidores públicos presuntamente coludidos con estructuras criminales, a quienes acusa de haber facilitado o encubierto operaciones del narcotráfico.

El texto va más allá al calificar la conducta de esos funcionarios como una traición a la soberanía y la seguridad del propio Estado mexicano, una acusación que toca directamente la relación entre el crimen organizado y las instituciones públicas del país.

La respuesta de Sheinbaum: «México no necesita» tutela externa

La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó en reaccionar. Durante su comparecencia de este jueves, la mandataria rechazó que su país deba ser evaluado o calificado desde fuera de sus fronteras, defendiendo la autonomía de las decisiones mexicanas en materia de seguridad.

Sheinbaum aprovechó además para devolver el cuestionamiento a Washington, exigiendo explicaciones sobre lo que Estados Unidos hace —o deja de hacer— frente a tres frentes que, según su gobierno, son responsabilidad directa del país vecino: el consumo interno de drogas, el lavado de activos vinculado al narcotráfico y el tráfico de armas de fuego que cruzan la frontera hacia México y terminan en manos de los cárteles.

Pese al tono de réplica, la presidenta reiteró que su administración mantendrá el trabajo conjunto contra el narcotráfico, dejando claro que la disputa diplomática no interrumpe la cooperación bilateral en la materia.

Un pulso que continúa

El intercambio de este jueves confirma que la relación entre ambos países atraviesa un momento de tensión calculada: Washington eleva el tono y multiplica las exigencias, mientras Ciudad de México responde con firmeza sin cerrar del todo la puerta a la colaboración. La presión estadounidense —que combina acciones judiciales, señalamientos oficiales y demandas de reformas internas— parece decidida a mantenerse como una constante en la agenda bilateral de seguridad en los próximos meses.

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