Activos rusos dividen a la UE en el financiamiento a Ucrania
Italia y otros tres países frenan el plan de Bruselas y exigen alternativas legales antes de usar fondos rusos congelados para sostener a Kiev
Europa ante una nueva fractura interna
La Unión Europea vuelve a mostrar fisuras en uno de los debates más sensibles desde el inicio de la guerra en Ucrania: el uso de activos rusos congelados como fuente de financiamiento. A pocos días de una cumbre clave del Consejo Europeo, la falta de consenso amenaza con retrasar —o incluso redefinir— la estrategia de Bruselas.
Italia cambia de rumbo y altera el equilibrio
El giro de Italia, uno de los países con mayor peso político y económico del bloque, encendió las alarmas en la Comisión Europea. Junto con Bélgica, Bulgaria y Malta, Roma manifestó formalmente su desacuerdo con la propuesta de utilizar fondos rusos inmovilizados para apoyar a Ucrania, según un documento interno conocido por el medio Politico.
«La oposición italiana podría impedir que la UE cierre un acuerdo antes de la próxima cumbre europea.»
El plan de Bruselas bajo la lupa
La iniciativa comunitaria plantea utilizar hasta 210.000 millones de euros en activos rusos congelados —principalmente custodiados por el banco belga Euroclear— como garantía de un préstamo destinado a cubrir las necesidades presupuestarias y de defensa de Ucrania en 2026 y 2027.
Este viernes, la UE dio un paso decisivo al bloquear indefinidamente dichos activos, eliminando la votación semestral para renovar su congelamiento. Para analistas financieros y jurídicos, esta decisión prepara el terreno para un eventual uso directo del dinero ruso.
Voces en contra y advertencias legales
Los cuatro países disidentes emitieron una declaración conjunta en la que instan a la Comisión Europea y al Consejo a “seguir explorando y debatiendo opciones alternativas”. El argumento central: sin un marco legal claro, la UE se expone a riesgos jurídicos y a una pérdida de previsibilidad financiera.
«El temor a litigios internacionales y represalias legales se convierte en el principal freno político.»
Entre las opciones alternativas figura la emisión de deuda conjunta de la UE. Sin embargo, especialistas advierten que este camino podría aumentar la carga financiera de países altamente endeudados, como Italia y Francia, o quedar bloqueado por la falta de unanimidad, especialmente ante la posible oposición de Hungría.
Moscú entra en escena
La tensión no se limita al plano europeo. El Banco Central de Rusia presentó una demanda en Moscú contra Euroclear, calificando de ilegales las medidas que afectan a sus activos. Además, anunció que defenderá sus intereses en tribunales nacionales e internacionales.
Desde el Kremlin, las advertencias han sido directas. Rusia sostiene que la congelación de fondos viola el derecho internacional y ha calificado la iniciativa europea como un “robo”.
Un precedente con impacto global
Desde febrero de 2022, países occidentales mantienen congelados más de 300.000 millones de dólares en activos estatales rusos. De ese total, cerca de 242.800 millones se encuentran en la Unión Europea, en su mayoría bajo custodia belga.
En septiembre pasado, la Comisión Europea ya había propuesto un “préstamo de reparación” de 140.000 millones de euros para Ucrania, financiado con esos activos. Bélgica rechazó la idea en varias ocasiones, alertando sobre el riesgo de convertirse en blanco de acciones legales rusas.
«El debate no solo afecta a Ucrania: pone a prueba la credibilidad jurídica y financiera de la eurozona.»
Advertencia desde el Kremlin
El presidente ruso, Vladímir Putin, aseguró que su país prepara medidas de represalia y advirtió que la utilización de los activos tendrá “consecuencias negativas para el sistema financiero mundial”. Según Moscú, la confianza en la eurozona podría verse seriamente dañada si se consolida este precedente.
Un dilema estratégico para Europa
La UE enfrenta una disyuntiva compleja: reforzar su respaldo financiero a Ucrania o preservar la estabilidad jurídica y la confianza internacional en su sistema financiero. La división interna demuestra que, más allá del consenso político sobre el apoyo a Kiev, el cómo hacerlo sigue siendo motivo de profunda controversia.

