INTERNACIONALLOS PUEBLOS

Fin de la Doctrina Monroe mientras Rusia protege Caracas!!!!

El arribo de naves de guerra a Venezuela sella el fin de 200 años de control hemisférico de EE. UU. El análisis de Yanis Varoufakis expone la derrota estratégica de Washington, cuya coerción empujó a Caracas a los brazos de Moscú.

El ancla rusa que certificó la derrota estratégica de Washington

La presencia de buques de guerra rusos atracados en aguas venezolanas es mucho más que un ejercicio naval protocolario; es, según analistas internacionales, el certificado material y en acero del fin de 200 años de hegemonía estadounidense sobre el Caribe. Este evento marca la sepultura de la Doctrina Monroe, el dogma que permitió a Estados Unidos tratar a la región como su «patio trasero» y decidir quién podía acercarse y quién debía ser castigado.

El economista Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia, ha desnudado esta coyuntura, titulando su análisis sin rodeos: «Venezuela se libera: el fin de 200 años de control de Estados Unidos». Su tesis central es que la propia agresividad de Washington logró un resultado diametralmente opuesto al buscado, forzando la alianza que hoy irrumpe contra el decreto imperial de la Casa Blanca.

El Giro Soberanista como Punto de Quiebre

El proceso que culmina con este despliegue militar se gestó con la decisión soberanista de Venezuela a partir de finales de los años 90, bajo la gestión de Hugo Chávez. Este giro implicó la transformación de la estructura político-económica, tomando el timón de su petróleo y minerales, y reorientando la renta hacia programas sociales masivos de salud, educación y vivienda.

Dichas políticas, enfocadas en el bienestar interno, contrariaron directamente los intereses imperialistas de Estados Unidos, incomodando a las multinacionales y activando la respuesta de Washington, que tradicionalmente ha reaccionado con presión y desestabilización ante cualquier país que se salga de su guion.

El punto de inflexión fue la intentona golpista fracasada contra Chávez en 2002. A partir de ese momento, la relación descendió a una confrontación abierta. Cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013, la estrategia de asfixia económica se había cristalizado por completo, con resultados catastróficos para el pueblo venezolano. La campaña sistemática de hostilidad y bloqueo económico fue reconocida incluso por asesores estadounidenses como John Bolton, cuyo objetivo explícito era «hacer que la economía venezolana gritara».

Moscú y la Arquitectura de Resistencia Global

La presión constante y el castigo económico lograron, irónicamente, algo que Estados Unidos nunca pretendió: empujar a Venezuela directamente hacia los brazos de Rusia, China e Irán, alterando por completo su mapa de alianzas.

Varoufakis señala una diferencia estratégica clave entre los actores: mientras Washington se concentró en tácticas de aplastamiento inmediato (sanción tras sanción), Moscú construyó una visión a largo plazo, tejiendo una red global de resistencia. Rusia vio una oportunidad donde Estados Unidos solo percibió un desafío, ofreciendo protección y sociedad en lugar de coerción.

La llegada de los buques rusos es la materialización de esta arquitectura alternativa de poder. El análisis subraya que no se trata de una agresión rusa, sino de la «consecuencia inevitable de tres décadas de errores estratégicos de Washington», que trasladó su patrón de arrogancia (como la expansión de la OTAN ignorando las líneas rojas de Moscú) hacia América Latina con sanciones y amenazas.

El Fin de la Dominación Unilateral

La era de la dominación unilateral estadounidense ha concluido, dando paso a un sistema mundial multipolar donde el poder ya no se impone con un solo escuadrón de portaaviones. La presencia naval rusa en el Caribe exige a Washington negociar, medir y ponderar, una dinámica a la que no estaba acostumbrado.

Esta pérdida de influencia se agrava por las contradicciones internas del propio imperio. Mientras Washington condena las maniobras militares ajenas como desestabilizadoras, mantiene un vasto aparato militar global y flotas en todos los océanos. A esto se suma la fragilidad económica: la deuda de Estados Unidos se disparó, y solo el pago anual de los intereses ya supera su presupuesto militar (el mayor del mundo).

Un Estado que lucha por financiar sus propios intereses se ve cada vez más limitado para dictar el destino de otras naciones. Para Caracas y Moscú, la resistencia ha dado sus frutos; para Washington, es el aviso de que su palabra ya no es ley y que, después de 200 años, debe convivir con otros actores en su antigua zona de influencia.

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