ECONOMIA Y FINANZASINTERNACIONAL

El dólar pierde terreno: Sur Global impulsa multipolaridad financiera

    La caída de confianza en la divisa estadounidense impulsa a países emergentes a diversificar reservas, fortalecer monedas locales y reducir dependencia.

    Sur Global acelera ruptura con el dólar frente a EE.UU.

    El dólar continúa siendo la moneda dominante en el sistema financiero internacional, pero su hegemonía ya no es incuestionable. En silencio —aunque cada vez con más determinación— los países del llamado Sur Global están reconfigurando un orden financiero que durante décadas estuvo centrado en Washington. Este giro, reportado recientemente por Bloomberg, responde no solo a decisiones económicas, sino a tensiones geopolíticas acumuladas.

    La confianza en la divisa estadounidense se está erosionando debido al uso creciente del dólar como herramienta de presión diplomática y sanciones, no solo contra los rivales de EE.UU., sino también contra socios estratégicos. En un escenario global donde el poder económico se redistribuye, el dólar está dejando de ser el refugio incuestionable que fue al inicio del siglo XXI.


    Un dominio en retroceso

    A principios del milenio, más del 70 % de las reservas internacionales estaban denominadas en dólares. Hoy, esa participación ha caído a menos del 60 %. Para los analistas, la cifra sigue siendo alta, pero la tendencia es clara: el retroceso avanza.

    Uno de los factores clave fue el papel que China y las economías petroleras del Golfo desempeñaron durante años como financiadores indirectos del Tesoro estadounidense. Al reinvertir sus excedentes comerciales en bonos del gobierno de EE.UU., ayudaron a abaratar el costo del crédito en ese país hasta en un 0,5 %, lo que significó miles de millones en ahorro para hogares, hipotecarios y empresas estadounidenses.

    Pero ese ciclo se está rompiendo.


    Cambio silencioso, consecuencias profundas

    El giro no ha sido repentino, pero sí consistente.

    China, con reservas que llegaron a los 4 billones de dólares en 2014, hoy mantiene solo 3,3 billones. De manera paralela, el yuan ha pasado a jugar un rol más protagónico en el comercio internacional: en 2010 apenas 2 % de las transacciones comerciales chinas utilizaban su moneda nacional; para 2023, ese porcentaje ascendió al 25 %.

    En paralelo, las monarquías petroleras del Golfo Pérsico han optado por otro camino: usan su superávit —estimado en 800 000 millones de dólares desde 2017— para financiar megainversiones locales y proyectos de expansión global. Catar destinó cerca de 300 000 millones a la organización del Mundial de 2022, mientras Arabia Saudita prepara un paquete de inversión superior al billón de dólares para ciudades tecnológicas, turismo de lujo y eventos deportivos.

    A diferencia de décadas anteriores, estos fondos ya no fluyen automáticamente hacia deuda estadounidense.


    El factor político: sanciones, aranceles y deuda

    Bloomberg señala que la desconfianza no solo tiene raíz económica. La política exterior de Washington —cada vez más dependiente de sanciones financieras— ha generado preocupación en gobiernos que temen que sus activos puedan convertirse en herramientas de presión.

    A esto se suma una deuda pública estadounidense en ascenso histórico, disputas comerciales globales y un sistema fiscal considerado por analistas como inestable.

    El mensaje implícito: mantener reservas en dólares ya no parece una estrategia neutra ni segura.


    Un futuro financiero más fragmentado

    La transición no implica que el dólar vaya a desaparecer del sistema financiero internacional. Ninguna moneda rival —ni siquiera el yuan— posee aún la infraestructura, confianza o liquidez necesarias para reemplazarlo plenamente.

    Sin embargo, la tendencia apunta a un mundo con múltiples polos monetarios y una menor dependencia del dólar. Ese escenario podría traducirse en tasas de interés más altas en EE.UU., un mayor costo de financiamiento interno y menos margen para utilizar las sanciones como herramienta diplomática.

    Lo que está en juego es más que un símbolo: es la arquitectura del poder global.

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