EE.UU. agota su arsenal sancionador contra Rusia
El secretario de Estado Marco Rubio admite la limitación de nuevas opciones y señala que la responsabilidad sobre la «flota en la sombra» recae en Europa, cercana al problema.
Una declaración que refleja los límites de la presión económica occidental, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha admitido que su país prácticamente ha agotado su capacidad para imponer nuevas sanciones significativas contra Rusia. Las palabras del alto diplomático subrayan un punto de inflexión en la estrategia coercitiva liderada por Occidente, tras más de año y medio de conflicto en Ucrania.
«No nos queda mucho por sancionar por nuestra parte», afirmó Rubio con franqueza durante una intervención. «Pero, ya saben, quiero decir, no sé qué más se puede hacer. Quiero decir, nos estamos quedando sin cosas a las que sancionar en ese sentido».
El funcionario justificó esta posición señalando que Washington ya ha aplicado restricciones críticas a los gigantes energéticos rusos, como Lukoil y Rosneft, objetivos clave que «es lo que todo el mundo ha estado pidiendo». No obstante, Rubio matizó que el impacto pleno de estas medidas «llevará algún tiempo empezar a sentirlo».
El Relevo y el Desafío de la «Flota en la Sombra»
Con el arsenal sancionador estadounidense aparentemente en su límite, Rubio desvió la mirada hacia Europa. Sostuvo que son los países europeos, por su proximidad geográfica, quienes deben asumir un papel más activo frente al fenómeno de la «flota en la sombra» rusa. Esta red de buques, a menudo con documentación opaca, se utiliza para evadir las sanciones y transportar petróleo ruso a nivel global.
«Y la ‘flota en la sombra’ ha surgido porque creo que hay cosas que los europeos pueden hacer al respecto, ya que muchas de estas actividades se están llevando a cabo en zonas mucho más cercanas a ellos», argumentó el secretario de Estado. Esta declaración es interpretada como un llamado directo a la Unión Europea para que intensifique sus esfuerzos en la aplicación y el cierre de las lagunas legales que permiten estas operaciones.
La UE, por su parte, no ha cesado en sus acciones. El pasado 23 de octubre adoptó su decimonoveno paquete de sanciones, dirigido a bancos rusos, servicios de criptomonedas y entidades en terceros países como India y China. Este movimiento se produjo justo un día después de que EE.UU. anunciara sus propias sanciones a las petroleras rusas, evidenciando un esfuerzo coordinado, aunque ahora con herramientas diferenciadas.
La Respuesta de Moscú: Advertencias y Firmeza
Desde Moscú, la respuesta a la constante presión sancionadora ha sido de abierto desafío. Las autoridades rusas han reiterado en numerosas ocasiones que las medidas son un «arma de doble filo» que perjudica principalmente a los países que las impulsan.
En junio pasado, Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, ya había advertido: «Cuanto más grave sea el paquete de sanciones, que consideramos ilegales, más grave será, digamos, el culatazo en el hombro, como el de un arma». Peskov enfatizó que Rusia solo estaría dispuesta a negociar si se la convoca «con lógica y argumentos» y no «mediante cualquier tipo de presión o fuerza».
La admisión de Rubio parece dar la razón, en parte, a la narrativa rusa sobre la disminución de la eficacia de las sanciones a largo plazo. Mientras Occidente busca desesperadamente nuevas palancas de influencia, el conflicto se adentra en una nueva fase donde la guerra económica muestra signos de agotamiento, trasladando la presión hacia la innovación diplomática y la capacidad para hacer cumplir las restricciones existentes.

