Trump niega plan de ataque, pero aumenta tensión con Venezuela
Mientras Washington niega acciones bélicas, reportes periodísticos y reacciones desde Caracas avivan la sospecha de una operación encubierta con implicaciones regionales.
Trump desmiente plan de ataque, pero el Caribe sigue en tensión
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que “no está considerando lanzar ataques contra Venezuela”, tras difundirse reportes de prensa que mencionaban supuestos planes militares de Washington contra el país suramericano.
La declaración llegó luego de que el Miami Herald y The Wall Street Journal publicaran información citando fuentes del gobierno estadounidense, en la que se afirmaba que la Administración Trump habría definido “objetivos militares” en territorio venezolano, y que un ataque podría producirse “en cualquier momento”.
Ambos medios señalaron que los blancos potenciales incluirían puertos, aeropuertos y bases controladas por el Ejército venezolano, con el supuesto objetivo de forzar la salida del presidente Nicolás Maduro.
Washington y las “filtraciones” de guerra
Según The Wall Street Journal, los funcionarios estadounidenses consultados aseguraron que las acusaciones contra Caracas —sobre presunto narcotráfico y violaciones a derechos humanos— servirían como justificación para las acciones militares.
El Miami Herald, por su parte, sostuvo que la operación buscaría “decapitar” a la cúpula del gobierno venezolano, bajo el argumento no comprobado de que integran un “cártel criminal”. Ninguno de los reportes, sin embargo, ofreció evidencia concreta.
Desde la Casa Blanca, Trump intentó desmarcarse de las versiones al declarar que “no hay planes de ataque en marcha”, aunque evitó desmentir los despliegues militares recientes en el Caribe, realizados bajo la bandera de operaciones antinarcóticos.
Caracas habla de “una guerra multiforme”
El gobierno de Nicolás Maduro sostiene desde hace meses que Venezuela enfrenta “una guerra multiforme” impulsada por Washington, cuyo fin sería imponer un “gobierno títere” y apropiarse de los recursos naturales del país, incluyendo petróleo, gas y oro.
En septiembre, Maduro denunció públicamente que Estados Unidos ha reactivado mecanismos de presión militar y mediática, mientras el 94 % del pueblo venezolano —según sus datos— “rechaza la amenaza de invasión”.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), junto con la Milicia y cuerpos policiales, inició recientemente ejercicios defensivos en las zonas costeras para “aceitar la maquinaria” ante eventuales agresiones externas.
Reacciones del gobierno venezolano
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, declaró que los verdaderos beneficiarios del narcotráfico “no están en América Latina, sino en Estados Unidos y Europa”.
Mientras tanto, el canciller Yván Gil afirmó que Washington ha dado “un paso más” en su política hostil contra Caracas con la “amenaza del uso de la fuerza”. Gil advirtió que un conflicto armado tendría “consecuencias terribles para toda la región”, y acusó a la Casa Blanca de recurrir a maniobras “equivocadas y peligrosas”.
El despliegue militar y las acusaciones
En agosto, Estados Unidos desplegó buques de guerra, un submarino, aviones y tropas frente a las costas venezolanas, alegando una operación contra el narcotráfico. Sin embargo, los bombardeos a presuntas lanchas en el Caribe y el Pacífico han dejado decenas de muertos y fueron calificados por la ONU como “ejecuciones extrajudiciales”.
A mediados de octubre, Trump reconoció haber autorizado operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano, una admisión que Caracas consideró como prueba de su denuncia de larga data. “¿Alguien puede creer que la CIA no ha conspirado desde hace décadas contra Chávez y contra mí?”, cuestionó Maduro.
Escalada silenciosa
Pese a la negación formal de Trump, las tensiones entre Washington y Caracas se intensifican en un contexto geopolítico marcado por el reacomodo de fuerzas en América Latina y el Caribe. Analistas internacionales advierten que cualquier acción armada podría repercutir en toda la región, reavivando el debate sobre la soberanía y el intervencionismo.
Por ahora, la situación se mantiene en un delicado equilibrio diplomático y militar, donde cada declaración pública puede significar un paso más hacia la desescalada… o hacia una nueva crisis hemisférica.

