Bloqueo a Cuba: más países votan contra su levantamiento
Naciones alineadas a Washington endurecen su postura ante la histórica resolución de la ONU, mientras La Habana denuncia la «prepotencia» estadounidense.
Naciones Unidas volvió a ser escenario de un pulso diplomático histórico entre Cuba y Estados Unidos. La resolución presentada por La Habana para poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington desde hace más de seis décadas fue aprobada, una vez más, por una abrumadora mayoría de 165 países. Sin embargo, el dato que marcó esta sesión fue el crecimiento del bloque minoritario que votó en contra, una señal de cambios políticos en varias naciones.
Este año, siete países votaron en contra de la resolución titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”. A los tradicionales opositores —Estados Unidos e Israel— se sumaron Argentina, Paraguay, Hungría, Macedonia del Norte y Ucrania, lo que sorprendió incluso a diplomáticos veteranos en la sede de la ONU en Nueva York.
Cambios en el tablero latinoamericano
La decisión de Argentina fue especialmente observada. Tras el ascenso del presidente Javier Milei, la política exterior argentina dio un giro alineado con Washington. La prensa local había catalogado el voto como una “prueba de fuego” para el nuevo canciller Pablo Quirno, ferviente promotor del acercamiento con Estados Unidos. Finalmente, Buenos Aires rompió con décadas de apoyo a Cuba, confirmando las expectativas de la Casa Blanca.
El cambio generó tensiones internas: la anterior ministra de Relaciones Exteriores, Diana Moratino, había votado a favor de la resolución cubana, lo que derivó en su salida del cargo. Con Milei, Argentina se posiciona firmemente entre los países que respaldan la línea política de Washington en América Latina.
Paraguay también sorprendió. El gobierno de Santiago Peña, que en años recientes había votado a favor del fin del bloqueo, esta vez se pronunció en contra, marcando un viraje diplomático. Aunque el mandatario había manifestado preocupación por la situación de Cuba, su voto refleja una clara inclinación hacia la política exterior estadounidense.
Las abstenciones: señales de cautela y presión
Doce países optaron por la abstención, entre ellos Costa Rica y Ecuador. Ambos mandatarios —Rodrigo Chaves y Daniel Noboa— han estrechado lazos con Washington en los últimos meses. De hecho, la reciente visita del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, a San José y Quito fue interpretada como un mensaje de presión diplomática.
Durante el encuentro, Rubio advirtió a Chaves que era “mejor ser amigo que enemigo de Estados Unidos”, una frase que muchos interpretaron como advertencia política. Poco después, Ecuador impuso requisitos de visa temporal a 45 países, incluida Cuba, reforzando la percepción de alineamiento con la política exterior estadounidense.
Washington mantiene su discurso
El voto negativo de Estados Unidos no fue sorpresa, pero sí lo fue el tono del debate previo. El representante norteamericano ante la ONU, Mike Waltz, calificó la resolución de Cuba como “propaganda” y “teatro político”, negando la existencia de un bloqueo real.
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla respondió con dureza, acusando a Washington de mentir “de manera grosera y prepotente” ante la Asamblea. “EE.UU. se expresa con incultura y rudeza que no se admiten en esta casa”, sentenció el diplomático.
Una condena que persiste en el tiempo
Desde 1992, la Asamblea General de la ONU ha votado anualmente sobre la resolución presentada por Cuba. Cada año, la abrumadora mayoría de países exige el fin del embargo, considerado ilegal bajo el derecho internacional. No obstante, el cambio en la correlación de votos muestra un escenario más complejo, donde la presión de Washington y la reconfiguración de alianzas en América Latina comienzan a dejar huella.
El resultado —165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones— confirma que el aislamiento de Estados Unidos en este tema persiste, pero también revela un nuevo patrón de influencia política que podría consolidarse en la región.

