Venezuela moviliza su fuerza armada ante amenaza de EE.UU.
Maduro ordena un «ejercicio especial organizativo» de toda la estructura militar y miliciana para el 4 de octubre, denunciando despliegues bélicos estadounidenses en el Caribe.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció este jueves la realización de un «ejercicio especial de carácter organizativo» para el próximo sábado 4 de octubre, que movilizará a los cuatro componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y a las Milicias Bolivarianas en todo el territorio nacional. La medida, descrita como una preparación ante lo que el gobierno califica como una amenaza militar inminente por parte de Estados Unidos, busca afinar los mecanismos de mando, conducción y comunicaciones de la defensa nacional.
El anuncio se produjo durante una jornada de trabajo desde las afueras de Caracas, donde el mandatario detalló que el operativo abarcará desde el mando nacional hasta las 15.751 bases de defensa integral a nivel comunal. «No es un ejercicio de movimiento de armamento sino organizativo, para dejar afinaditos aun más, todos los mecanismos de defensa territorial, de defensa nacional de nuestra patria, porque Venezuela se respeta», explicó Maduro.
El contexto de la tensión bilateral
La decisión de realizar este ejercicio militar surge en un contexto de máxima fricción con Washington. Según el relato oficial, la operación fue planificada tras una reunión del Estado Mayor Superior, donde se revisaron «todos los planes» en respuesta al reciente despliegue militar estadounidense en el sur del Caribe. Estados Unidos justificó este despliegue —que incluye destructores, cazas F-35, misiles y un submarino nuclear— como una operación para combatir a los cárteles de la droga.
Sin embargo, Caracas lo interpreta como una agresión directa. Este mismo jueves, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, denunció el sobrevuelo de al menos cinco aviones de guerra estadounidenses F-35 frente a las costas venezolanas. «Los estamos viendo, quiero que sepan. Y quiero que sepan que eso no nos intimida», advirtió el general en jefe.
El gobierno venezolano ha repudiado estas acciones y ha exigido al secretario de Guerra de EE.UU., Peter Hegseth, que «cese de inmediato en su postura temeraria, aventurera y guerrerista». Además, ha informado que interpondrá reclamos formales ante las Naciones Unidas y otros foros multilaterales para que se adopten medidas que «impidan la repetición de estas acciones ilegales y peligrosas».
Una crisis con múltiples frentes
La tensión militar se enmarca en lo que Maduro ha denominado una «guerra multiforme» orquestada desde Washington para propiciar un «cambio de régimen». Este argumento se ve reforzado por la duplicación de la recompensa ofrecida por la fiscal general de EE.UU., Pam Bondi, por información que lleve al arresto del presidente venezolano, acusado de liderar un «cártel de narcotráfico», una imputación nunca sustentada públicamente y que ha sido rechazada por aliados regionales.
Hasta la fecha, Washington afirma haber bombardeado tres embarcaciones en el Caribe como parte de su operativo antidroga, con un saldo de al menos 17 fallecidos. Esta presencia militar ha generado alarma en la región. Bloques como la Celac y el ALBA, cuyos cancilleres se han pronunciado, han reiterado la necesidad de respetar la declaración de América Latina y el Caribe como una Zona de Paz.
Líderes regionales como Miguel Díaz-Canel (Cuba), Luis Arce (Bolivia), Daniel Ortega (Nicaragua) y Gustavo Petro (Colombia) han cuestionado la falta de evidencias contra Maduro y han señalado, en cambio, los intereses geopolíticos y el afán de controlar recursos estratégicos como el trasfondo real de las acciones estadounidenses.
El ejercicio militar del 4 de octubre se configura, así, como la respuesta táctica de un gobierno que se declara en pie de guerra, profundizando la polarización en el hemisferio y llevando la disputa diplomática a un nivel de alerta militar inédito en los últimos años.

