Nitazenos: la nueva droga 15 veces más potente que el fentanilo
Nitazenos: la nueva y mortal clase de opioides que alarma al mundo
Estos opioides sintéticos se expanden por el mundo, mezclados con otras drogas y vinculados a cientos de muertes. La ONU pide respuesta urgente ante su amenaza.
Una nueva amenaza se cierne sobre la salud pública global. Se trata de los nitazenos, una clase de opioides sintéticos cuya potencia sobrepasa incluso la del fentanilo —una droga 50 veces más fuerte que la heroína— y que ya ha sido relacionada con cientos de muertes por sobredosis en diversos países. Desde su aparición documentada en 2019, su propagación ha sido vertiginosa, y hoy representan un nuevo desafío para autoridades sanitarias, gobiernos, expertos en adicciones y organismos internacionales.
Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), al menos 26 variantes de nitazenos han sido identificadas en más de 30 países en Europa, América, Oceanía y el sudeste asiático. En el 82 % de los incidentes registrados, las consecuencias han sido fatales. En muchos casos, las víctimas no sabían que habían consumido esta sustancia, pues suele estar mezclada con drogas más comunes como heroína, cocaína, éxtasis, ketamina o benzodiacepinas.
“Es una trampa del diablo”, declaró Tina Harris, una usuaria londinense de heroína, al Wall Street Journal, luego de sobrevivir una sobredosis por nitazenos que la llevó al hospital.
Más potentes, más letales, más accesibles
El atractivo de los nitazenos para los cárteles y redes criminales es claro: se fabrican en laboratorios clandestinos con precursores químicos fácilmente disponibles y requieren cantidades ínfimas para inducir efectos extremos. Esto les permite ser transportados y distribuidos en pequeñas dosis, difíciles de detectar y altamente rentables.
Algunos compuestos de esta familia pueden ser hasta 15 veces más potentes que el fentanilo, según investigaciones internacionales. En plataformas del mercado digital se han detectado ofertas de estos opioides con envíos internacionales, lo que agrava la urgencia de una respuesta global coordinada.
El vacío de la heroína y el regreso del riesgo
La aparición de los nitazenos coincide con una escasez mundial de heroína, provocada principalmente por la prohibición del cultivo de amapola en Afganistán desde 2022. Esta interrupción en la cadena de suministro ha incentivado la sustitución de opioides naturales por sintéticos, más fáciles de fabricar sin necesidad de campos de cultivo.
El fenómeno no es nuevo. En Estonia, tras la primera prohibición afgana en el año 2000, el ingreso del fentanilo como reemplazo de la heroína derivó en una crisis de sobredosis que duró más de diez años. Hoy, la historia parece repetirse.
En 2023, los nitazenos estuvieron involucrados en casi la mitad de las muertes inducidas por drogas en ese país báltico, y su presencia se ha multiplicado en naciones tan diversas como Canadá, Reino Unido, Australia y Tailandia.
Respuesta internacional y medidas urgentes
Frente a este panorama, la UNODC y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han solicitado el control internacional de varias variantes de nitazenos, al tiempo que instan a los países a reforzar sus sistemas de detección, monitoreo y respuesta temprana.
El uso generalizado de naloxona, un antídoto que puede revertir los efectos de una sobredosis si se administra a tiempo, es una herramienta crucial. Además, organizaciones médicas y sociales demandan mayor acceso a tratamientos de desintoxicación y reducción de daños para personas usuarias de opioides.
“Sin una acción inmediata y coordinada, podríamos estar a las puertas de una nueva pandemia silenciosa, impulsada por una sustancia que muchos consumidores ni siquiera saben que están usando”, advirtió un reporte técnico reciente de la UNODC.
Una amenaza silenciosa y global
Mientras los nitazenos se infiltran en los mercados ilegales de drogas, disfrazados como fentanilo o mezclados con otras sustancias, el riesgo de sobredosis aumenta exponencialmente. Su potencia, invisibilidad y facilidad de producción los convierten en una amenaza sin precedentes para los sistemas de salud y seguridad en todo el mundo.
El desafío es inmenso: detectar, regular, educar, tratar y prevenir, todo al mismo tiempo. En esta carrera contra el tiempo, la cooperación internacional, la inversión en salud pública y el acceso a herramientas como la naloxona podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte para miles de personas.

