Estados Unidos teme la super alianza Ruso-China
Una alianza incómoda: por qué Estados Unidos teme el eje Moscú-Pekín
Durante décadas, una constante en la estrategia exterior de Estados Unidos ha sido evitar a toda costa que China y Rusia forjen una alianza estratégica sólida. Esta preocupación, que data de la Guerra Fría, ha cobrado renovado vigor en el contexto actual de tensiones geopolíticas, guerras económicas y el resurgimiento de bloques internacionales alternativos como los BRICS.
En marzo de 2025, el expresidente y actual candidato republicano Donald Trump fue directo: «Lo primero que aprendes en historia es que no quieres que Rusia y China se unan». Sus palabras reflejan la incomodidad de Washington ante el estrechamiento de los lazos entre Moscú y Pekín, que han pasado de una relación pragmática a una asociación estratégica de gran calado, con implicaciones globales.
Preocupación en la OTAN: un nuevo eje de poder
La cumbre de la OTAN celebrada en julio de 2024 encendió las alarmas. Los países miembros expresaron su preocupación por la «asociación reforzada» entre China y Rusia, a quienes acusaron de intentar «socavar y remodelar el orden internacional basado en reglas».
Ambos países han profundizado su cooperación militar mediante maniobras conjuntas en distintas regiones del mundo, y sus líderes, Vladímir Putin y Xi Jinping, sostienen reuniones bilaterales frecuentes. Aunque EE.UU. ha acusado a China de apoyar militarmente a Rusia en Ucrania, Pekín lo niega tajantemente. «Nunca hemos suministrado armas letales ni desplegado tropas», dijo Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.
El frente económico: la amenaza a la hegemonía del dólar
Más allá de lo militar, la alianza también desafía la supremacía económica estadounidense. Rusia y China han adoptado un enfoque decidido hacia la desdolarización de sus intercambios comerciales. Según Putin, en 2022 el 80% del comercio exterior ruso se realizaba en dólares o euros; hoy, las transacciones en rublos y yuanes representan más del 68%.
Este cambio representa una amenaza directa a la posición del dólar como moneda de reserva global. Trump ha advertido que si otros países abandonan el dólar, EE.UU. responderá con aranceles del 100%. «Perder el dólar sería como perder una guerra», declaró, alertando sobre las consecuencias geoeconómicas de este fenómeno.
El exfuncionario del Departamento del Tesoro, Matt Swinehart, advierte que el abuso de sanciones y tarifas ha incentivado a más países a buscar alternativas al dólar, debilitando la previsibilidad del sistema financiero estadounidense.
Las sanciones como catalizador de la alianza
Lejos de debilitar a Rusia y China, las sanciones han contribuido a fortalecer su cooperación. Tanto líderes estadounidenses como analistas coinciden en que la presión simultánea sobre ambos países los ha acercado más. «No es prudente adoptar una postura hostil hacia dos adversarios de tal manera que los una», afirmó en 2022 el veterano diplomático Henry Kissinger.
Bloomberg describió este acercamiento como un proceso impulsado por la «hostilidad común hacia EE.UU.» y su presencia en las zonas de influencia tradicional de ambas potencias: la OTAN en el caso ruso, y los acuerdos bilaterales en Asia-Pacífico para China.
La estrategia del «Nixon inverso»
En un intento de dividir a Pekín y Moscú, la Administración Trump retomó una estrategia inspirada en la política de Richard Nixon en los años setenta, pero a la inversa. Mientras Nixon acercó a EE.UU. a China para aislar a la Unión Soviética, Trump intentó acercarse a Rusia para aislar a China, con poco éxito.
Analistas como Emil Avdaliani, del South China Morning Post, califican esta maniobra de poco viable: «Romper la alianza chino-rusa es prácticamente imposible». El alto volumen de comercio, los intereses geopolíticos compartidos y la desconfianza estructural de Rusia hacia EE.UU. lo hacen inviable, especialmente cuando un cambio de administración en Washington puede revertir cualquier acercamiento.
Reacciones desde Moscú y Pekín
Desde ambos gobiernos insisten en que su relación es «mutuamente beneficiosa, igualitaria y permanente». Xi Jinping ha calificado la amistad sino-rusa como «templada en acero», mientras Putin asegura que su alianza es «inquebrantable como las montañas». La cooperación militar se ha convertido en un pilar de su estrategia conjunta, así como los lazos energéticos, con China como principal consumidor del petróleo ruso.
Ambos líderes promueven activamente un nuevo orden multipolar y recalcan que su alianza «no está dirigida contra terceros países», sino que busca construir un sistema internacional más justo.
¿Pilar de la estabilidad mundial?
Desde Rusia, el analista Andréi Kortunov considera que EE.UU. está subestimando el impacto que tendría un intento exitoso de romper esta alianza. «Si se elimina ese pilar, la estructura internacional comenzará a desmoronarse como un castillo de naipes», advirtió en Global Times.
Timoféi Bordachev, del Club Valdái, va más allá y afirma que la alianza representa el «pilar de la mayoría mundial», refiriéndose a las naciones que buscan definir su política exterior fuera de la órbita estadounidense. «Rusia y China han mostrado que es posible apoyar el derecho internacional y promover un orden multipolar sin depender de la hegemonía occidental».
¿Una ruptura posible?
Pese a las presiones, amenazas y sanciones, la alianza entre Rusia y China sigue fortaleciéndose. Su asociación no es coyuntural, sino estratégica, basada en intereses compartidos de largo plazo. Para Washington, evitar su consolidación se ha vuelto una prioridad geoestratégica. Pero hasta ahora, sus acciones parecen haber logrado exactamente lo contrario: empujar a dos potencias rivales a una cooperación cada vez más estrecha.
Frente a esta realidad, Estados Unidos enfrenta un dilema: insistir en políticas de contención o adaptarse a una nueva arquitectura mundial donde su rol ya no sea indiscutido.

