Gárgola: Jóvenes cineastas hunden sus garras en el vacío con cortometraje novedos

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En su debut como cineastas, hundieron su garra en el vacío, escarbando motivos y pretextos, sin la precaución que lo primero que arrastrarían de ese infierno fuera una criatura inesperada. Un ser con dos rostros, uno de día y uno de noche. Su nombre era Helena.

Así vio la luz “Gárgola“, un cortometraje protagonizado por la presentadora de televisión, Epifanía Solís (Helena), y cuya productora, guionista y codirectora nicaragüense, Celia Zamora, y sus colegas, el coproductor del filme Alexander Urbina, el fotógrafo Flavio Obando y el editor Byron Larios, crearon este bello “monstruo“, del “vasto mundo plástico, supermodelado y vacío“.

Un tanto reservada Celia, y los demás compañeros del equipo de producción, estudiantes del Centro Nicaragüense de Enseñanza Audiovisual y Cinematográfica (CNEAC), justificaron la creación de este corto como un anzuelo, cuya carnada es ni más ni menos que el poema “Perfil“, del poeta, narrador y periodista, Manolo Cuadra (1907-1957), perteneciente al Movimiento de Vanguardia.

El más olvidado

A mi me gusta la poesía, y sentía que uno de los más olvidados y relegados ha sido el poeta Manolo Cuadra, pero no encontrábamos la manera de volverlo atractivo para que la gente lo volviera a leer. Así que creamos Gárgola. Decidimos utilizar un recurso literario para ambientar y narrar el cortometraje“, fundamenta la guionista.

En “Gárgola” se funde lo inverosímil y la hiperrealidad, en el entretejido de locaciones van más allá de proyectar a una Managua moderna, en su cotidiana vorágine urbana. Espacios públicos como la Avenida de Bolívar a Chávez, la Plaza de la Revolución o el Anfiteatro Tomás Borge, donde se mueve Helena, en una densa atmósfera de la nocturnidad. Me evoca una “Managua, Salsa City“, como la pensó el guatemalteco Franz Galich.

Para estos jóvenes, lo importante era dejar un registro histórico de cómo es Managua, cómo ha avanzado en términos de infraestructura en los últimos años; romper el paradigma que para realizar cualquier producto audiovisual de calidad, no se necesitan grandes sets a lo Hollywood, porque Nicaragua tiene lo suyo, su propio misterio, su propia magia.

Helena, un personaje alineado aparentemente normal

Gárgola narra la historia de Helena, una joven profesional de aproximadamente 25 años que se muestra ante el mundo como una persona exitosa, pero que está llena de mucha podredumbre por dentro, advierte Celia, quien esbozó una y otra vez este curioso personaje, alienado y vinculado al consumo de drogas, conectándolo paralelamente a una vida aparentemente “normal”.

La narración del cortometraje, basta para sumergir al espectador en una atmósfera sórdida, cuyas sombras chinescas son prácticamente hipnóticas, mientras aparece la bella y frágil Helena dormida de costado, en su habitación, y la voz en off balbucea a la brevedad : “Yo soy triste como un policía // de esos que florecen en las esquinas“. Es el inevitable preámbulo a un viaje cuyo boleto de regreso es una verdadera sorpresa en la técnica de un final elíptico o circular.

Queríamos desmitificar ese mundo de las drogas. Es una especie de crítica al mundo perfecto que nos vende la publicidad, el consumismo, que tenés que tener un buen carro, una casa bonita, pero al final nada de eso te llena, no es lo que vale. Al final del día no es lo que te vas a llevar en el corazón“, expresa Zamora.

Coqueteando con la muerte y la vida

La bella Helena danza en la noche, con su sonrisa suelta, al igual que su pelo; sorbe su pequeño cigarrillo, y se sienta con las piernas entrecruzadas sobre una solitaria banca en la capitalina Plaza de la Revolución. Liando su papeleta de colores, abriendo el fuego inaugural, prendiendo quiebraplatas, entre jalones y suspiros, Helena, nos toma de la mano y se hunde en su viaje.

Los faroles mortecinos le alumbran sus ojos acuosos cristalinos. Helena danza en la  noche, jugando el mundo al revés, apretando los dedos de sus pies descalzos entre los intersticios del piso de barro, frente a Catedral. Volando, Helena está volando y tiende sus alas en la doble raya de la muerte, tiende sus brazos, se balancea para no caer.

Le está coqueteando a la muerte, a la vida, no sabemos con certeza, mientras baila y se pasea frente al antiguo Cine González, como un pájaro herido, aletea los ojos “Yo soy triste como un policía // con un frío glacial en el estómago // y una gran nostalgia en las pupilas”.

Un rápido tránsito

Todo es un rápido tránsito. Un flashback, arrastra al espectador de este cortometraje a la habitación. Una cámara en shuttle sintetiza los momentos, planos detalles se pasean por su espalda y dorso desnudo. Sus manos quitaron de abajo hacia arriba la camisa.

La criatura bordea la habitación. Tantea con sus manos las sombras que se mecen en las entrañas de las paredes. Helena se muerde la piel con sus uñas, se arranca el silencio a pellizcos. Su silencio es un desgarro. La habitación se llena de smog. De sus uñas largas resbalan anfetaminas para curar la nostalgia.

Un pájaro herido en una calle de Managua

En el cenicero de porcelana duermen cuatro cerillos, y a un lado sus papeletas “premium extra slim“, un vaso de cristal a media agua, y sus dedos trémulos, liando el sueño. El lente fijo se hunde en su rostro huraño y fluorescente. Y Helena solo quiere seguir golpeando los muros oscuros de la nada, colores gravitacionales.

Cada segundo que pasa, Helena se aleja. No podemos ver qué más pasa en su habitación. Cerró los ojos y todo está oscuro. Hasta que pasa el tiempo, y se suena la alarma de su móvil,  pero es un sábado 14 de Octubre, no sabemos de qué año.

Un ojo cenital, parpadea desde el cielo, en su primera visión aparece una chica oficinista frente a su computador. El ojo examina los objetos sobre un escritorio rigurosamente pulcro y ordenado: hay bolígrafos, marcadores, un teléfono de planta, una taza de café, un triste pequeño cactus, una agenda oprimida y cuatro post-it para la memoria traicionera.

No hay señales de Helena, tanto su ausencia como su belleza nos duelen; bajo sus pies Troya arde, y en cada segundo, cada instante, cada vida, la imaginamos en aquella banca, triste como un policía que olvidó su silbato, liando sus sueños en una esquina, balanceándose en la doble raya de la muerte, aleteando como un pájaro herido en una calle de Managua.

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