Catalunya no quiere borbones

Proclamación de la Segunda República en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 14 de abril de 1931. / AF-AHCB

Proclamación de la Segunda República en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 14 de abril de 1931. / AF-AHCB

El 14 de abril de 1931 Catalunya proclamó la República cinco horas antes de que lo hiciera el Gobierno provisional en Madrid. El odio a los borbones acumulado durante doscientos años estalló aquella mañana de manera espontánea. Según relataba al día siguiente La Vanguardia, a las 12,30 de la mañana se organizó una concentración espontánea muy numerosa de barceloneses en la Rambla de Canaletas, mayoritariamente protagonizada por jóvenes, que fue incrementándose enseguida, aunque era martes, día laborable, mientras recorría las calles hasta llegar a la plaza de San Jaime. A las 13 horas entraron en el Ayuntamiento los concejales electos el día 12, encabezados por Lluís Companys, quien exigió al alcalde que le entregase la vara de mando y abandonase el edificio, lo que hizo. Los concejales designaron alcalde a Companys.

A las 13,30 ondeó la bandera tricolor republicana en el balcón principal del Ayuntamiento, entre el delirio de la muchedumbre, que rebosaba la plaza y llenaba las calles aledañas. A las 14 llegó al Ayuntamiento Francesc Macià, líder de la Esquerra Republicana de Catalunya, el partido ganador de las elecciones en Catalunya el día 12. A duras penas consiguió entrar en el edificio, vitoreado por la multitud que lo abrazaba entusiasmada. A las 14,15 se asomó al balcón principal del Ayuntamiento para decir:

Ciudadanos: En nombre del pueblo de Catalunya, yo proclamo desde aquí el Estado Catalán, y proclamo la República Catalana.

Lo demás fue una fiesta interminable, para celebrar la victoria dilatada durante dos siglos contra los detestados borbones. La llamada familia real comía a esa hora en palacio, servida por los lacayos, sin imaginar cómo iba a terminar el día. Los catalanes ya ciudadanos republicanos se preguntaban qué sucedía en Madrid, pero la capital no parecía reaccionar.

Los catalanes ya eran libres, habían echado a los borbones. Si la reina se atreviera a presentarse en Barcelona, después de aquel triunfo popular, le darían lo prometido con la música del Himno de Riego:

La reina vol corona.

Que vingui a Barcelona:

corona li darem

i el colll li tallarem.

No era necesario, porque la reina no iba a ir a Barcelona. Se marchará al exilio el día 15 con sus hijos y servidores, muy feliz por conseguir librarse de su detestado y detestable marido, y porque se lleva las joyas de la Corona que todavía quedaban en palacio, y además disponía de una gruesa cuenta en bancos extranjeros. No necesitará nunca preocuparse por el dinero, porque se lo habían entregado forzosamente sus vasallos españoles, a pesar del odio que sentían por ella, que jamás intentó adaptarse a sus costumbres porque era británica.

También se marchó el rey esa misma tarde del 14 de abril, dejando a la familia oficial en palacio, protegida por el pueblo madrileño, que no deseaba escenas revolucionarias. A la familia secreta, aunque conocida y tolerada por todos, formada por la descocada actriz Carmen Ruiz Moragas y sus dos bastardos, la dejó en el chalé que les había regalado, con una buena cuenta corriente para que no tuvieran necesidad de ganarse la vida decentemente, cosa que la exmujer del torero Rodolfo Gaona era incapaz de hacer. El rey se marchó con sus servidores más fieles, a toda la velocidad de los automóviles que los llevaron a Cartagena, en donde embarcaron para Marsella, camino de París Ya no podía declarar la guerra a nadie. La versión antigua del himno nacional, Els segadors, contesta a la declaración de guerra lanzada por el rey de España contra el pueblo catalán:

Catalunya, comtat gran,

qui t’ha vist tan rica i plena!

Ara el rei nostre senyor

delarada ens te la guerra.

Segueu arran!

Segueu arran,

que la palla va cara!

Segueu arran!

El rey había sido derrotado, no por la armas sino por las urnas. Los catalanes votaron mayoritariamente por la República el día 12, de modo que ya no tenían rey. Cuando se permite votar en libertad al pueblo, lógicamente elige la libertad, como lo hicieron todas las regiones de España. Por eso no se nos tolera a los españoles de hoy organizar un plebiscito, lógico tras la muerte del exgeneral traidor convertido en dictadorísimo, que avasalló al pueblo español durante 36 años de fusilamientos y cárceles. Era el fin de una etapa sanguinaria, que debía dar paso a la voluntad popular. Pero no la hemos podido expresar hasta ahora los españoles.

Los catalanes volvieron a votar el 1 de octubre de 2017, con la misma idea con que lo hicieron el 12 de abril de 1931: poner fin a la tiranía monárquica. La diferencia estuvo en que esta vez el rey les declaró la guerra y dificultó la votación, enviando contra ellos a sus fuerzas brutas armadas, para que los atacaran sin piedad con sus porras y pelotas de goma. Los españoles y el resto del mundo contemplamos con horror las fotografías espeluznantes. Sí, es una declaración de guerra, que el rey tiene perdida.

ARTURO DEL VILLAR

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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